sábado, 15 de junio de 2013

Aula de Verano: La reforma Wert

Nacida muerta

E.C. 

Blas Villalta, profesor de Lengua Castellana y Literatura, y vocal de la Junta Directiva de la Escuela de Ciudadanos (EC), se suma al debate sobre la Reforma Wert, uno de los temas propuestos para el Aula de Verano 2013.

En este esclarecedor artículo, el profesor Villalta afirma que la reforma del ministro José Ignacio Wert nace muerta y se pregunta “a qué clase de personas hay que explicarles a estas alturas que una sociedad se mutila a sí misma si no ofrece las mismas posibilidades de desarrollo personal y laboral a todos sus miembros”.

Animamos a todos los seguidores y simpatizantes de la EC a que participen en este decisivo debate sobre el futuro de quienes serán las mujeres y los hombres del futuro, que deberán hacerse cargo de este país sumido ahora en la crisis y la duda.

Como complemento de este artículo de Villalta, ofrecemos también el enlace con el documental informativo que el programa La Sexta Columna (La Sexta) ofreció el viernes 14 de junio de 2013 sobre la Reforma Wert. Entre otros muchos especialistas, se recogen las opiniones del director de la EC, Román Orozco y del miembro de honor de la misma, el periodista Eduardo San Martín, antiguos compañeros del hoy ministro Wert en el programa Hoy por Hoy de la Cadena SER.

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Víctimas del sistema educativo

Esta ley nacerá muerta. Porque una ley que mira el ombligo y los intereses del legislador no tiene ni tendrá espíritu de continuidad

Los damnificados por leyes efímeras, erráticas o vengativas no son todos los alumnos, sino los alumnos con menos posibilidades, de familias pobres, empobrecidas, con poca instrucción…

¿A qué clase de personas hay que explicarles que una sociedad se mutila a sí misma si no ofrece las mismas posibilidades de desarrollo personal y laboral a todos sus miembros?

Por Blas Villalta (*)

Un profesor es la primera víctima del desconcierto de leyes educativas, pero no es una víctima directa. Al fin y al cabo, un profesor es un profesional vinculado a un sistema, ni más ni menos que otros, que hace su trabajo de acuerdo a su formación y a las condiciones de que dispone.

Un profesor puede estar enfadado o contento con el sistema, puede sentirse representado, despreciado, acogido o vilipendiado, pero hará su trabajo con la profesionalidad que se le exige. Las víctimas de los atropellos, las verdaderas víctimas, y esto no debe pasarse por alto, son los usuarios del sistema: los alumnos y, por extensión, las familias.

Lo más fácil, en tantos ámbitos de la vida, es culpar de los males que sufrimos a los otros, a las autoridades, a los de arriba, a los responsables políticos. Los culpamos de su incompetencia e incluso a veces de su mala fe en las decisiones que toman. Es lo más fácil, pero también es cierto que en muchas ocasiones los responsables de organizar y solucionar los asuntos serios ponen muy poco de su parte.

Una ley fugaz

El pasado mes de mayo se presentó el proyecto de ley que modificará nuevamente la legislación educativa en España. La LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) sustituirá a la LOE (Ley Orgánica de Educación), aprobada en 2006, y al parecer cambiará sustancialmente algunos aspectos del funcionamiento de nuestro sistema educativo. Se augura además que será una ley fugaz: durará dos años, o a lo sumo seis, lo que tarde en llegar otro partido al poder y derogarla para hacer una nueva.

Lo que cabe preguntarse es: ¿era necesario un nuevo cambio legal? ¿Precisamente este cambio legal? ¿Evolucionamos, involucionamos? ¿Quién paga las consecuencias de tanto vaivén?

Aún queda el trámite parlamentario, en el que se espera que el gobierno ceda poco, y todavía no hay un calendario de aplicación de la nueva ley, pero se supone que empezará a funcionar en el curso 2014-2015.

Ciudadanía y religión

Al igual que con la ley anterior, la mayor parte del debate se centra en aspectos aparentemente menores: de la asignatura de Educación para la Ciudadanía apenas se imparten dos horas semanales en un curso de Primaria y dos en un solo curso de toda la Secundaria; los alumnos de comunidades bilingües ya demuestran tanta destreza en español como los del resto del territorio, a pesar de tener un currículo casi íntegro en su lengua vernácula; la asignatura de religión católica es desde hace muchos años más despreciada por quienes la escogen que por los que no, y además por los propios profesores, pues las notas suelen oscilar entre el 9 y el 10 a cambio de un más que dudoso esfuerzo.

¿De qué estamos hablando, pues? Porque con lo importante, con lo realmente importante, no existe un debate público. ¿Cuánta gente conoce que los sueldos de los profesores en centros concertados, educación privada, son pagados íntegramente por el Estado, mientras se escatiman partidas presupuestarias para centros públicos

¿Cuánta gente conoce la verdadera anomalía de la materia de Religión católica, cuyos profesores son contratados o despedidos por los obispados pero pagados por el Estado? ¿Cuántos conocen la situación real del profesorado interino, continuamente denigrado y maltratado por las propias autoridades?

Ni siquiera existe un conocimiento de por qué tenemos uno de los índices de fracaso escolar más altos de los países desarrollados, que afecta de media a uno de cuatro alumnos, y lo peor es que no existe voluntad política para localizar el mal y asegurar el diagnóstico.

Nace muerta

Esta ley nacerá muerta. Quizá el sistema de elección temprana de itinerarios, desde 3º de ESO, enfocados claramente al Bachillerato o a la Formación Profesional, no sea tan segregador y pretendidamente clasista como lo dibujamos. Quizá el sistema de reválidas, informativa en la primaria, definitivas en la secundaria, no encierra en sí lo peor de la educación tardofranquista y, con matices, podría sacársele algo positivo.

El problema es que todo esto trata de imponerse, una vez más, sin la colaboración y el concurso de todos los agentes sociales implicados en la educación de los jóvenes, de toda la comunidad educativa: primero, los profesionales, los profesores y maestros y equipos directivos que llevan años lidiando con la realidad en el aula y su organización directa.

Ellos son los expertos que han de buscarse para localizar errores y malos hábitos en el sistema. Con ellos y con las AMPAs y padres comprometidos es con quienes tiene que dialogar cualquier gobierno, tomar notas, ayudar a que la relación entre estos elementos sea fluida y fructífera, para saber qué decisiones concretas tomar en materia legislativa.

Oposición radical

Si esto no se hace, como es el caso, encontrarán la oposición radical de todo el mundo, de toda la cadena: alumnos, padres, profesores, directores, a título particular, y también sindicatos educativos y estudiantiles, y todos los demás partidos del arco político.

Porque una ley que mira el ombligo y los intereses del legislador no tiene ni tendrá espíritu de continuidad. Una sociedad democrática implica ceder y buscar soluciones efectivas y consensuadas para lograr el bien común: nadie, ninguna facción puede pretender imponer todo su ideario en algo como la escuela, por donde inevitablemente todo el mundo pasará, porque los que vengan después querrán también imponer su sello, sus soluciones mágicas o ideologizadas. 

Y mientras tanto, unos enseñando y otros tratando de aprender y todos quejándonos de los defectos del sistema como si de un fatalismo se tratara. Otro vaivén que pagan los mismos.

Pero huyamos también del tópico: ¿quiénes son los mismos? ¿Quiénes son los damnificados por tanto desconcierto? ¿Los alumnos? No.

Los damnificados

Los damnificados por leyes efímeras, erráticas o vengativas no son todos los alumnos, sino los alumnos con menos posibilidades. Los alumnos de familias pobres, los alumnos de familias empobrecidas, los alumnos de familias con poca instrucción, los alumnos sin acceso a la cultura fuera del ámbito escolar, los alumnos de zonas rurales, la parte de la población por la que se justifica que exista un sistema de educación pública.

¿A qué clase de personas hay que explicarles a estas alturas que una sociedad se mutila a sí misma si no ofrece las mismas posibilidades de desarrollo personal y laboral a todos sus miembros? ¿Alguien todavía piensa que el fracaso escolar se debe únicamente a la falta de esfuerzo?

Hay que recordar de dónde venimos. Cuando nos comparamos con Finlandia u otros países nórdicos con sistemas educativos envidiables, cuando vemos los informes educativos de los países desarrollados y se nos saltan las lágrimas al comprobar nuestra deficiencia, olvidamos que no somos finlandeses ni lo podemos pretender.

De dónde venimos

Olvidamos que venimos del Tercer Mundo. Que el mundo rural español pasó una guerra que arrasó lo poco que había y después el dictado de la miseria y el embrutecimiento

Olvidamos que en la actual generación de maestros, ingenieros o licenciados el suyo es el primer título y las suyas las primeras letras que aprendió nunca la familia

Olvidamos que durante más de una década, con todo a nuestro favor, miles de adolescentes sucumbían a los cantos de sirena de trabajos físicos bien remunerados pero perecederos. 

Olvidamos que la pedagogía sobre el esfuerzo no debe hacerse en la escuela, sino que debe venir aprendida desde casa, y ahí los ejemplos familiares y los medios de comunicación tienen más responsabilidad que el profesor.

Si a eso sumamos una clase política también ineficiente, con tentaciones y vicios autoritarios, que no cree sinceramente en que una sociedad de sujetos libres, formados y bien informados es el único camino para lograr la felicidad colectiva, y no sólo pequeñas felicidades cerradas, tenemos el resultado.

El mismo fango

Si los partidos políticos o los grupos de poder buscan perpetuar sus privilegios a costa del bien común, o son complacientes con voces de otro tiempo cuando les toca gobernar, siempre patalearemos en el mismo fango.

Que un profesor tenga que emplear su tiempo en explicar los escándalos del sistema, en explicar que la falta de diálogo y acuerdos nos menoscaba como conjunto, es un paso atrás. Significa que como sociedad estamos lejos de alcanzar la mayoría de edad, que como sociedad somos aún, y por mucho tiempo, un adolescente sin educar, víctima de su propia soberbia, víctima directa de su propio egoísmo.

(*) Blas Villalta es profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES Clara Campoamor, de La Solana (Ciudad Real). Trabaja en Educación Secundaria desde 2006. Ha sido Lector de Español en la Universidad de Trinidad y Tobago. Es también vocal de la Junta Directiva de la Escuela de Ciudadanos.

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6.500 millones de euros recortados en Educación en menos de 3 años. Eliminación de becas, bajada de sueldos y decenas de miles de despidos de profesores sumados a las subidas de tasas confrontan con un rendimiento escolar por debajo de Polonia, Portugal o Grecia. Tras cinco modelos educativos diferentes en la democracia, el Gobierno impone con su mayoría absoluta una nueva ley. Su nombre: LOMCE. Sus reformas, en trámite en el Congreso, las más rechazadas de la historia.

Leer más y ver documental de La Sexta Columna

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Enlaces: Artículo para la EC de Tohil Delgado, secretario general del Sindicato de Estudiantes de España.


2 comentarios:

  1. Me identifico totalmente con el contenido y el espíritu de este artículo.
    ¿Cómo conseguir convencer de que esta filosofía de la educación y de la vida es la que más nos conviene como sociedad plural? Como imbuir de esto a los políticos para que cambien su forma de hacer política alejada de la sociedad? Quisiera participar en este proyecto de cambio social. Estoy abierto a propuestas y dispuesto a hacerlas.

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  2. Maria Jose Martínez18 de junio de 2013, 16:32

    Creo sinceramente que para mejorar la Calidad de la Enseñanza no se necesita más que buena voluntad y consenso con quienes elaboraron la ley anterior para hacer algún que otro retoque, que no "recortes"; y mucho menos cambiar sustancialmente ciertos aspectos de nuestro funcionamiento educativo.
    En este sentido veo con asombro cómo se elimina la asignatura cuyo título entero es el siguiente: "Educación para la Ciudadanía y Derechos Humanos", siendo ahora España el único país de Europa donde dicha asignatura no se imparte, siendo "sustituida" por la asignatura de Religión. Y esto es algo que no se puede comparar, porque la Religión es de ámbito espiritual y personal y ha de impartirse en las iglesias, esas que cada Domingo nos aleccionan desde sus púlpitos, las mismas que organizan catequesis de niños y adultos para la Primera Comunión y para la Confirmación, enseñanzas y Sacramentos que han de hacerse en un ambiente propicio de recogimiento y respeto.
    Hay que tener en cuenta que esa diferencia con otros países será suficiente para que en Europa nos vean como algo "diferente", cosa que no creo sea deseable en absoluto. Consideremos también que el presupuesto español para la educación, es el 50% del presupuesto dedicado por el pueblo finlandés, por ejemplo, y creo que esta no es precisamente la forma de hacernos ver en el continente, ni tampoco como el país que prescindirá de los Consejos Escolares para dejar toda autoridad en manos de los directores de los centros educativos nombrados a dedo por las respectivas CCAA, ni por el país que recorta el gasto en los profesores de apoyo al alumnado que lo necesite, ni como los que recortamos en becas de comedor o en transporte escolar.
    Porque ¿cómo sabremos si uno de esos niños a los que no ayudamos bastante se queda en el camino sin llegar a ser un buen investigador? ¿Cómo saber quién puede ser el próximo premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Humanas? ¿A quién podremos dejar sin apoyo sin que nuestra sociedad sufra una verdadera pérdida? Una sociedad ha de funcionar toda entera como un cuerpo bien cohesionado, sin dejar bolsas de marginación e ignorancia. Y aunque nos digan a diario que precisamente es esto lo que se persigue con la nueva ley de educación, siento decirles que eso no se lo cree nadie.
    Lamento profundamente que algunos ciudadanos españoles, haciendo caso omiso de la mínima idea de Caridad Cristiana, hayan llegado a elaborar esta ley.
    María José Martínez

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