domingo, 13 de enero de 2013

Temas a debate: ¿Son necesarios los políticos?

Ni secta, ni mafia

E.C.
Firma hoy una nueva aportación al debate sobre la necesidad de los políticos un hombre polifacético, José María Alfaya, quien, en clave no exenta de humor, pero con un contundente fondo de verdad, concluye que, en realidad, los políticos “no son una secta, ni una mafia, ni un grupo social, sino una parte de nosotros mismos”.

Incluimos además en esta entrega los enlaces a tres interesantes artículos sobre la corrupción entre la clase política y un lúcido análisis de José María Izquierdo, autor del blog El Ojo Izquierdo (El País) y colaborador habitual de la Cadena SER.

En anteriores entregas hemos publicado artículos de Eduardo Sotillos, periodista, exportavoz del primer Gobierno de Felipe González; Miguel Ramírez Muñoz, Coordinador Provincial de IU Ciudad Real; Pedro María Castellanos, Delegado de UPyD en Manzanares (sede de la Escuela de Ciudadanos); Juan Rodríguez Rubio, presidente de Liberales Independientes por Manzanares (LIM) y la socióloga Victoria Pozas Escabias.

Animamos a nuestros lectores y a los dirigentes de los partidos y organizaciones sociales a aportar sus opiniones a este interesante debate.
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El asesinato de Aristóteles

Los políticos no son una secta, ni una mafia, ni un grupo social, sino parte de nosotros mismos, que lo somos salvo cuando estamos aislados, ciegos, sordos y mudos

Rechazar la política es entregarse al autoritarismo como fórmula para gestionar asuntos comunes y cotidianos

En la derecha se suma, además del miedo y la ignorancia, el interés ilegítimo y la mentira social, patológicamente llevada a la subversión del lenguaje por medio de lo que ya se conoce como “neolengua”

Por José María Alfaya (*)

Mi madre, que fue una gran traumatizada de la Guerra Civil y se abrazó al “síndrome de Estocolmo” como demostración de su incapacidad para comprender el drama que habían vivido en su propia familia, con fusilados por ambos bandos, nos decía enfáticamente que “de la Política... ni la p”.

No contenta con asesinar intelectualmente a Aristóteles, el rechazo de “la política” la llevaba a entregarse al autoritarismo como fórmula para gestionar los asuntos comunes y cotidianos.