domingo, 3 de febrero de 2013

Temas a debate: ¿Son necesarios los políticos?

Votar no es suficiente

E.C.

El debate propuesto por la Escuela de Ciudadanos, iniciado el 6 de diciembre pasado, sobre la necesidad de los políticos está cada vez más de triste actualidad, a la vista del tsunami corrupto que arrasa el país.

La gota que ha colmado el vaso ha sido el descubrimiento, por parte del juez que investiga la trama Gürtel, de que el extesorero del PP y exsenador, Luis Bárcenas, tenía 22 millones de euros en un banco suizo. Además, los dos periódicos de mayor circulación en España, El País y El Mundo, han informado sobre presuntos pagos de sobresueldos o complementos a los más altos dirigentes del PP, empezando por el presidente del partido y del Gobierno, Mariano Rajoy.

Hoy se suma a nuestro debate José Rodriguez-Tarduchi, ingeniero agrónomo, miembro de IU, con una amplia trayectoria como dirigente de CC OO. Es también un agitador cultural y forma parte del grupo llamado José María Alfaya y el Taller de Reinsertables.

Rodriguez-Tarduchi fija el inicio de la descomposición política en los años del gobierno de Felipe González. Sostiene que el control sobre los políticos no se puede reducir a votar cada cuatro años.

Incluimos, junto al artículo de hoy, enlaces con una encuesta de Metroscopia para El País, en el que se reflejan los devastadores efectos que el caso Bárcenas ha tenido sobre el partido del Gobierno.

Desde la Escuela de Ciudadanos invitamos nuestros seguidores y a todos los dirigentes políticos y sociales a participar en este debate. Ver anteriores artículos sobre este debate pinchando aquí.

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¿Por qué se ha llegado hasta aquí?

El ejercicio de la política ha de estar sometido a control, que no puede reducirse al depósito del voto cada cuatro años, porque en ese lapso de tiempo comprobamos que el país puede quedar hecho unos zorros

Hay poderes superiores que se imponen, saltan por encima de la voluntad popular expresada en las urnas y son aceptados por los Gobiernos

Otro debate interesante: el del intrínseco mal que el ejercicio del Poder conlleva si no está sometido a control, por muy democrático que haya sido su acceso a él

Por José Rodriguez-Tarduchi (*)

Por resultarme obvio y coincidir, no abundaré en los argumentos ya expuestos sobre la necesidad de la existencia de políticos, concebidos como representantes democráticamente elegidos por los ciudadanos.

Más me interesa incidir en algunas de las causas que creo han hecho posible la evidente fractura existente entre los dos mundos, representantes y representados, radicalmente manifestada por el movimiento de los indignados con su “no nos representan” y el masivamente extendido “todos son iguales”.

Frases reduccionistas, parciales y abusivas, como toda generalización, que embasuran injustamente a gentes muy honestas que siguen manteniendo la ética como principio de su acción política, y muy especialmente en los pequeños ayuntamientos.

El control necesario

El ejercicio de la política ha de estar sometido a control, control que no puede reducirse al depósito del voto cada cuatro años, porque en ese lapso de tiempo (en menos; incluso ya en uno) estamos comprobando que puede el país quedar hecho unos zorros, tras ocultar los gobernantes sus verdaderas intenciones contraviniendo el programa con el que se presentaron ante la sociedad y firmaron un “contrato” con ella.

¿Hay que esperar tres años más para que puedan vanagloriarse de dejar una España que no reconozca ni la madre que la parió?

No será porque la parte más consciente y combativa de la sociedad no esté expresando su malestar y oposición en multitud de “mareas” mediante una movilización que no conocía precedentes desde el posfranquismo y la Santa Transición.

Disiento con Orozco

Habría que indagar en aquella etapa, en los equilibrios que hicieron posible sus luces (suficientemente publicitadas y loadas), pero también sus sombras, proyección alargada de los duros años de la noche de piedra, cuyos efectos y consecuencias en la sociedad aún estaríamos pagando.

He de disentir de alguna opinión de Román Orozco. Efectivamente, la llegada del PSOE al Gobierno en 1982 generó muchas ilusiones en la izquierda, les hubiera o no votado: “(…) transmitía limpieza (…) desprendían olor a ilusión y honestidad. Una nueva clase política llegaba al poder”.

Bueno, vale, pero Orozco da un salto en el tiempo y escribe a continuación: “30 años después, la ilusión se ha evaporado y la pobreza y el paro aparcan a la puerta. Y lo que es peor, se han esfumado los sueños”.

El romance con la jet

¿30 años? ¿No fue, quizás, algo antes? ¿No se empezaría a incubar ya entonces el huevo de una serpiente que ha terminado por eclosionar de forma espectacular ante la indignación ciudadana y el “todos son iguales”?

Cuando los pelotazos, cuando el romance con la jet, cuando España, en palabras del ministro Solchaga, era el lugar ideal para enriquecerse. Y el final de la era Felipe, enfangados en la corrupción, entre otros asuntillos no menores.

No puedo por menos que recordar aquí a mi amigo el cantautor, que presenta su Bolero del desencanto dedicándoselo a la generación del 68: “Aquella generación que tuvo que enfrentarse a decisiones difíciles y trascendentales: elegir entre la Nada y la Dirección General. Y supieron sacrificarse…. y coger la Dirección General, pasando a la Historia como la generación que mejor supo capitalizar en provecho propio los esfuerzos colectivos”. Pido disculpas por la simplista generalización, pero nos entendemos.

Zapatero, demócrata radical

A la derecha no le corresponde, precisamente, el destino histórico de prestigiar la política. Se le supone el egoísmo y el aprovechamiento, como clase y de sus miembros individualmente, de la parcela de Poder conquistada, así que nada podía esperarse de ella y menos con el inefable Aznar a su cabeza.

Zapatero empezó bien, más como demócrata radical que como socialista, pero se plegó a los dictados fieramente neoliberales en contra de su programa electoral (ay aquel 10 de mayo de 2010, cuando no medidas anteriores adoptadas al aparecer los primeros síntomas de la crisis sistémica; ay esa modificación con “agostidad”, alevosía y nocturnidad de la Constitución, de la mano del PP).

Y ay esas últimas voluntades in extremis de meter a España en el escudo antimisiles y de indultar a Alfredo Sáez, consejero delegado del Santander de Botín, en agradecimiento por la condonación de deudas. Del “año Mariano” ya hemos hablado. ¡Hasta dónde serán capaces de llegar!

De aquellos polvos, estos lodos

Pues bien, creo que de todos esos polvos: corrupción global consustancial a una dictadura; enraizamiento en la sociedad del sentimiento de que la política no es asunto que competa a los ciudadanos sino “cosa de otros”, cuando no algo sucio y para “profesionales”; desencanto, que, no olvidemos, empezó a surgir con los primeros compases democráticos; extensión de la corrupción; colusión de intereses políticos, económicos y financieros; constatación de que hay poderes superiores que se imponen, saltan por encima de la voluntad popular expresada en las urnas y son aceptados por los Gobiernos: una nueva forma de golpe de Estado, aunque resulte fuerte decirlo. De todos esos polvos, decía, estos lodos.

El cuento del traficante ministro

Permítanme una aparente digresión para ilustrar otra de las causas que a mi modesto entender influyen en el desprestigio de la política.

En un país imaginario, hubo un señor con un alto cargo en el Gobierno que se encargó de dar muchos millones a empresas de armamento. Luego se fue y una vez finalizadas sus competencias como alto cargo público, pasó a formar parte de los consejos de administración de esas empresas que fabrican municiones, misiles, carros de combate, cañones y bombas de racimo, bombas de racimo que vendía, entre otros, al Gobierno, quien a su vez las vendía a otros países amigos.

Y resultó que aquel país firmó un convenio internacional contra esas bombas por lo que dejó de comprarlas y venderlas.

Entonces, el traficante, como había un contrato de por medio, denunció al Gobierno por dejar de comprarle esas bombas y le pidió 40 millones de euros de indemnización: “daño emergente y lucro cesante” lo llamaron.

Resultó que hubo un cambio de Gobierno en aquel país, y el nuevo presidente tuvo la ocurrencia de nombrar como ministro de Defensa a dicho traficante. Y ahora el traficante, convertido en ministro, pagará a su antigua empresa esos 40 millones del ala.

La puerta giratoria

Este cuento sucedía en los últimos años, en el último año, en un país imaginario, pero aquí en España hay tradición de entrar y salir del Gobierno y salir y entrar, respectivamente, de una empresa que tiene que ver con la materia sobre la que se han estado tomando decisiones como ministro.

Es como una puerta giratoria, también conocida como teoría de los vasos comunicantes. O sea, un conjunto de recipientes comunicados y que contienen un líquido; se observa que el líquido alcanza el mismo nivel en todos los recipientes.

Es decir, en función de las relaciones tejidas y conocimientos e información privilegiada adquiridos en el ejercicio de un puesto de responsabilidad en las Administraciones Públicas, hay gentes que continúan su “carrera política” en la dirección o consejos de administración de entidades financieras, empresas del sector energético (electricidad, petróleo, etc.), de telecomunicaciones, de transportes, consultorías, asesorías, patronales, fundaciones, etc.

O se pone de ministro de una cosa a quien tiene intereses particulares en esa cosa, como el caso del ministro Morenés, que seguramente volverá al armamento cuando deje el Gobierno.

Elena Salgado y otros

Otro caso escandaloso y reciente ha sido el de la exministra de Economía Elena Salgado, a quien faltó tiempo para cesar en el último Gobierno Zapatero y fichar por Endesa trampeando la Ley de Incompatibilidades vigente, fácil de evadir cuando hay voluntad “política” de evadirla.

Una moción no de ley presentada el pasado marzo por el Bloque Nacionalista Galego (BNG) para endurecer las condiciones de esta ley fue rechazada con los votos de PP, PSOE y CiU. 

Hay que mencionar en este capítulo otros nombres, comenzando por esos líderes planetarios y reinas madres en que se han convertido los expresidentes González y Aznar, que siguen cobrando su asignación legal como tales y la hacen compatible con su pertenencia a consejos de administración (un recuerdo aquí a personajes como Tony Blair o Schröder que también han rentabilizado escandalosamente su anterior condición, y se están forrando).

Sin animo de exhaustividad, otras personas que, abandonadas sus responsabilidades políticas directas, han encontrado buen acomodo en la empresa privada, son: por el PP Eduardo Zaplana, Angel Acebes, Rodrigo Rato, Abel Matutes, José Mª Michavila, Josep Piqué, Rafael Arias-Salgado, Ana de Palacio; por el PSOE Narcís Serra, José Borrell, Miguel Boyer, Pedro Solbes, Ángeles Amador, Rafael Tagüas, Jordi Sevilla….. Y también recordemos a algún nacionalista como Josu Jon Imaz (PNV) y Roca Junyet (CiU), entre otros.

Álvarez, Güemes, Lamela

Dicho esto, y con todo respeto, no me parece Magdalena Álvarez la más pertinente voz autorizada para opinar sobre la cuestión, aunque comparta enteramente con ella que “sin los políticos, lo que queda es la dictadura”.

Exconsejera de Economía y Hacienda durante 10 años en la Junta de Andalucía, exministra de Fomento, y fugaz europarlamentaria, tras ese itinerario no ha regresado a su condición de funcionaria, sino que está actualmente en un banco.

Por terminar con estas muestras de vasos comunicantes, ahora mismito estamos asistiendo vergonzosa y descarnadamente a un caso extremo del paso de un político de lo público a lo privado. Los exconsejeros de Sanidad de la Comunidad de Madrid con Esperanza Aguirre, Juan José Güemes y el siniestro Manuel Lamela, tras crear todo un entramado de entidades relacionadas con la sanidad privada, van a defender los intereses de estas tras representar a la pública.

Y ya les está cayendo en ese su nuevo territorio, como agua de mayo, la gestión de los análisis clínicos y hospitales privatizados por el actual presidente de esa Comunidad. Item más está ocurriendo en Castilla La Mancha con su Cospedal. Y qué decir de ese estado de excepción legislativo, laboral, financiero, impositivo, etc., Eurovegas, que se va a instaurar también en Madrid con la llegada del capo de los casinos de EEUU.

Iglesias y Anguita

Estas actuaciones no son precisamente ejemplarizantes y, a mi entender, constituyen también razón de la crisis que estamos tratando en este debate. Por eso, adquieren especial relevancia comportamientos (que afortunadamente no son los únicos, por supuesto) como los de Gerardo Iglesias y Julio Anguita que, tras su paso por puestos de responsabilidad política, que no utilizaron para lucrarse respondiendo a intereses espurios, volvieron respectivamente a la mina y al instituto (como se dice de los romanos, que colgaban la toga senatorial para vestir de nuevo de corto y empujar el arado).

Se me podrá decir que es que no tocaron verdadero Poder. Aunque no lo creo, podríamos considerarlo como hipótesis, mas entraríamos en otro debate, el del intrínseco mal que el ejercicio del Poder conlleva si no está sometido a control, por muy democrático que haya sido su acceso a él.

También el asunto de la responsabilidad de los inasequibles fieles a un partido político que miran para otro lado ante los desmanes producidos en sus filas para fijarse sólo en la paja del ojo ajeno.

Perdida virginidad aquella que nos llevaba a pensar que el ejercicio de la política en democracia sería una noble y desprendida labor en la que, codo con codo, mejoraríamos la situación de los pobres de la Tierra!

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(*) José Rodríguez-Tarduchi (Madrid 31 de julio de 1945) es Ingeniero agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid (1970) y funcionario del Ministerio de Agricultura. Miembro de Izquierda Unida, colabora en el área sociocultural de su Asamblea Local en Valdepeñas.

Se dedicó desde 1987 a tiempo total al sindicalismo, desde Comisiones Obreras (CC OO) siendo, dentro de la Federación de Administración Pública, secretario general del Sindicato de la Administración del Estado a nivel nacional hasta 1992.

Desde 1992 a 2004 fue director del Ateneo Cultural 1º de Mayo de CCOO de Madrid y de 2004 a 2010, su director técnico, desempeñando una extensa labor de gestión, programación y desarrollo de actividades culturales de todo tipo relacionadas con la literatura, el cine, el teatro, la música, las artes plásticas, etc. en el Auditorio Marcelino Camacho y otras salas de la sede sindical.

Desde 1992 a 2010, fue vocal del Consejo de Cultura de la Comunidad de Madrid en representación de CC.OO.

De 1990 a 2009, columnista de Tribuna, publicación mensual de la Federación de Administración Pública de CC.OO, y colaborador habitual de las páginas culturales de Madrid Sindical, publicación mensual de CCOO Madrid.

Desde 1985 hasta la fecha viene desarrollando actividades “extraescolares” de agitación” sociocultural, siempre desde el prisma del humor, la ironía, la sátira y la parodia, teniendo como soportes el teatro, la radio (Radio Círculo, del Círculo de Bellas Artes de Madrid), la televisión (Tele K), y la música y la canción como miembro del grupo llamado José María Alfaya y el Taller de Reinsertables (1994-2007).

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Articulos recomendados

El bipartidismo se hunde

Fernando Garea, El País

Tocado y casi hundido. Mariano Rajoy gobierna a años luz de los ciudadanos, incluidos sus propios votantes, y ha llevado ya al centroderecha a la peor expectativa electoral de su historia. El PP estaría ahora en el resultado más bajo de uno de los dos principales partidos en España desde 1978 y, aun así, seguiría siendo el más votado en unas elecciones generales.

Ese es el negro e insólito panorama político que describe la encuesta de Metroscopia para EL PAÍS y que sirve para constatar la inmensa brecha abierta entre el poder político y los ciudadanos.



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Ni sus votantes les creen

Juan José Toharia, El País

La noticia publicada por EL PAÍS el pasado jueves sobre los papeles secretos de Luis Bárcenas corrió como un reguero de pólvora por la sociedad española: a media tarde de ese mismo día, según datos de Metroscopia, estaban ya al tanto de la noticia siete de cada diez españoles (70%): es decir, prácticamente tantos como los que votaron en las últimas elecciones generales.



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Enlaces con anteriores artículos sobre este debate

1 comentario:

  1. ¿Y después de rajoy, que? La Ley no puede obligarlo a dimitir, ni creo que su partido lo obligue. Las instituciones europeas actuales no creo que utilicen su influencia para favorecer la voluntad popular en España. El poder económico que dirige desde la sombra a los gobiernos no creo que estén interesados en el cambio, aunque tampoco les preocuparía mucho. Quizá la presión ciudadana sí, pero no sé como se va a canalizar.
    Aunque no sea probable, supongamos que mañana se convocan elecciones generales. ¿Qué partido o qué lider está preparado para asumir el mando con garantías de resultado?
    ¿Qué debemos pedir al futuro gobierno? Que nos saque de la crisis; eso nos lo ofrecerían, pero ¿cómo?
    Ya podemos ir pensando en ello, porque pedir a este gobierno que rectifique es inutil.

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