lunes, 21 de enero de 2013

Temas a debate: ¿Son necesarios los políticos?

El ciudadano-político

Miguel Ángel Cuenca se suma al debate sobre la necesidad de los políticos con un esclarecedor artículo en el que señala que sí, son necesarios, pero deben estar sujetos a unas reglas nuevas, en un nuevo marco institucional. Y cuanto antes, mejor.

Concejal socialista en el Ayuntamiento de Manzanares, sede de la Escuela de Ciudadanos, Cuenca sostiene que los logros alcanzados por la sociedad no habrían sido posibles sin aquellos de sus ciudadanos que deciden dedicarse a la política. 

Incluimos los enlaces a dos interesantes artículos aparecidos en el diario El País, uno de Violeta Assiego, que analiza los datos de una encuesta según la cual una inmensa mayoría de españoles afirma que estamos "al borde un estallido social" y otro del profesor José Ignacio Torreblanca, que pide a los políticos valentía en estos momentos de crisis.

Invitamos a nuestros seguidores y a todos los dirigentes políticos y sociales a participar en este debate. Ver anteriores artículos sobre este debate pinchando aquí

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Nuevas reglas, en un nuevo 
marco institucional

No queremos nuevos salvadores, ni renunciar a decidir quiénes deben ser nuestros representantes que decidan los asuntos vinculados a nuestro futuro

No parece que haya alternativas para que el papel del ciudadano-político pueda ser reasignado en favor de no sé qué suerte de figura social representativa

Los logros de la sociedad toda no son al margen de aquellos de sus ciudadanos que deciden dedicarse a la política con el apoyo de los demás

Por Miguel Ángel Cuenca Nieto-Márquez (*)

El tema-cuestión planteado tan oportunamente ―como siempre― por la Escuela de Ciudadanos en este su blog, tiene a mi juicio una sola respuesta: por supuesto que hay una necesidad vital y social de política y de políticos. Entre otras razones, por la ya esgrimidas por quienes me han precedido abordando el tema-cuestión.

También por las que podemos encontrar publicadas últimamente en todos los medios como consecuencia de que cada día nos desayunamos con un desaguisado nuevo. No pretenderé por tanto justificar con los mismos o parecidos argumentos por qué es necesaria la política y los políticos en general.
No queremos salvadores

Si acaso, destacaré sin un afán totalizador:

Que todos tenemos claro que no queremos nuevos salvadores, ni renunciar a decidir cuál debe ser nuestra representación ante la imposibilidad práctica de decidir directamente los detalles de cada asunto vinculado a nuestro futuro colectivo;

Que, en la actualidad, el ciudadano-político tiene asignado ese papel de representación de sus iguales y no parece que haya alternativas para que ese papel pueda ser reasignado en favor de no sé qué suerte de figura social representativa, mucho menos con garantías de que su acción pueda suponer un efecto más positivo y menos negativo ―que de todo hay en la viña del señor― para el conjunto de la sociedad. Al fin y al cabo esas figuras se convertirían en una suerte de nuevos políticos, aún con una preparación sustancialmente distinta (si es que ello cabe) a la propia del acervo de los políticos al uso; y…

Beneficios a la sociedad

Que la acción de aquellos a quienes denominamos muchas veces con desdén políticos, debida y formalmente apoyada las más de las veces —no cuando se hace lo contrario de lo que se decía que se iba a hacer o cuando se hacen cosas extraordinariamente ajenas a las comprometidas—, ha reportado beneficios incuestionables a la sociedad.

Si no, no se celebrarían manifestaciones multitudinarias en defensa de nuestra Sanidad o nuestra Educación, por ejemplo.

Aunque haya quien se empeñe, recurriendo a sus artes adivinatorias o interpretativas, en tratar de vendernos la idea de que son más los que sin manifestarse y con su silencio, defienden lo contrario. Los logros de la sociedad toda, no nos quepa la menor duda, no son al margen de aquellos de sus ciudadanos que deciden dedicarse a la política con el apoyo de los demás.

¿Qué hacer?

Sí quiero detenerme sin embargo en qué hay que hacer a mi juicio para que muchos abandonen su desconfianza hacia el político en general o este recobre el crédito que nunca debió perder.

Porque cuando un problema martillea insistentemente nuestras rodillas, hay que acabar con él a base de soluciones expeditivas, primero provisionales si se quiere, y después con otras nacidas con un auténtico afán de permanencia. Aunque nada a priori parezca inmutable. Si no, recurriendo a terminología de rabiosa actualidad, los de abajo, terminaremos con nuestras rodillas quebradas, doblegados por los de arriba, sufrientes en una forma de esclavitud que nos visten de irreal libertad. ¿O no es esto lo que nos está ocurriendo en esta fase del combate?

En esta fase del combate cierto y desigual que se está librando, quienes nos dividen para individualizarnos cada vez más y vencernos así (recordemos el clásico “divide y vencerás”), esto es, quienes manejan los mercados implacable e incansablemente en su propio beneficio, ante la dejación de funciones y los errores de unos y la pasividad aparente o actividad infructífera de todos, nos tienen en un estado de aturdimiento que nos va a resultar muy difícil superar.

La madre del cordero

Porque quienes podrían liderarnos con su clarividencia, parecen estar por desgracia más cerca de los verdaderos amos del poder que de nosotros. Confundidos con ellos incluso en algunos casos.

Decía Manuel Marín en su ponencia en la Escuela de Ciudadanos que la madre del cordero está en las reglas y en las instituciones. Yo estoy de acuerdo con él, pero también con quienes piensan que no nos podemos conceder todo el tiempo del mundo para cambiarlas o reformarlas.

La madre del cordero también puede ser, por tanto, un problema relacionado con el hecho de que quien ha puesto un edificio en pie, luego se muestra reticente a reformarlo, cuanto más a reforzar su estructura, aunque ello, ante que ahora el cambio climático nos ha traído tsunamis antes inimaginables, resulte obligado para evitar su desplome. Puede ser, por consiguiente, también un problema de personas. Si así fuera, políticos sí, pero en sus funciones siempre ciudadanos dispuestos a introducir con decisión los cambios precisos.


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(*) Miguel-Ángel Cuenca Nieto-Márquez es Ingeniero Técnico Industrial. Funcionario eventual en el Ayuntamiento de Manzanares (1991- 2009). Ha sido Secretario de Organización de la Agrupación local del PSOE de Manzanares, entre noviembre de 2008 y mayo del 2012. Sesde junio de 2011 es Concejal del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Manzanares.

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¿Al borde de un estallido social? El País



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Enlace con anteriores artículos

Fotos:

Indicador de confianza política. Fuente: El País 

¿Al borde de un estallido social?

2 comentarios:

  1. En España sólo habrá un estallido social si explota la burbuja futbolística y no se puede ver fútbol a todas horas.

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  2. SOBRE LA MORALIDAD DE NUESTRA SOCIEDAD
    MONTE.ARROYO 22/01/12
    Ahora que tanto se escribe sobre los políticos corruptos por tantos opinadores ,diría que es el momento que entre todos ; políticos arrepentidos ; moralistas , jueces , fiscales ,periodistas etc.. se coja el toro por los cuernos y demostrarnos a la sociedad y a nosotros mismos que tenemos las hagallas de cambiar este sistema unos usando su poder, otros su moralidad , otros con su arrepentimiento de sus echos y dejarse ser seducidos por el dinero , por el poder ,o por sus ideas políticas , y entre todos si se puede cambiar este sistema que tanto criticamos y odiamos . Todo esto si nos daría la legitimidad de elegir a los que queremos que nos gobiernen

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