domingo, 15 de junio de 2014

La calidad de la democracia

El cambio en la jefatura del Estado

E.C.

Se suma al debate sobre el cambio en la jefatura del Estado Jerónimo Romero-Nieva, militante de UPyD. Ya hemos publicado artículos de Julián Nieva, portavoz municipal del Grupo Socialista en el Ayuntamiento de Manzanares, localidad en la que tiene su sede social la Escuela de Ciudadanos, y de Miguel Ramírez, coordinador provincial de IU Ciudad Real. Invitamos a nuestros seguidores a participar en este debate.

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Monarquía o república: Tercera España

La igualdad, la libertad y el bienestar de los españoles no dependen de que tengamos un rey o un presidente, sino de que funcionen adecuadamente todas las instituciones, incluida la jefatura del Estado

La misma izquierda que exige la abolición de la monarquía por un procedimiento ilegal renuncia a cambiar la ley electoral donde puede porque gobierna: Andalucía. No se puede ser más hipócrita

UPyD no ha querido nunca tomar una posición a favor o en contra de la monarquía porque es un asunto menor que levanta las pasiones y absorbe las energías que el país necesita para las reformas de calado

Por Jerónimo Romero-Nieva (*)

Lo hemos dicho muchas veces: en Manzanares, nuestra representación política nos la dan los ciudadanos cuando nos prestan sus votos. Consecuentes con la responsabilidad derivada, nos hemos comprometido a que nuestra voz se escuche y no sólo se oiga. De ahí el empeño en trasladar al conjunto de los ciudadanos los criterios que nos identifican.

Como portavoz de UPyD en Manzanares, y cuando se me pide una aportación a través de la oportunidad que nos brinda la Escuela de Ciudadanos, me veo en la obligación de divulgar algunos postulados sobre la sucesión monárquica.

De entrada, un ejemplo, porque ayuda a visualizar el hecho comentado: En Suazilandia, un país devastado por el sida, el rey elige a sus mujeres (en la actualidad 14) tras hacerlas bailar semidesnudas. Hace unos años se compró un lujoso jet privado que costó el 25% del presupuesto del país. No es una buena monarquía. En Venezuela tienen un presidente al que su antecesor se le aparece en forma de pajarito. Esto es preocupante, pero lo peor es que tiene la costumbre de encarcelar a los líderes de la oposición y reprimir -en ocasiones hasta la muerte- a los jóvenes que se manifiestan en su contra. No parece una buena república. Frente a Suazilandia, tenemos Suecia, Noruega, Reino Unido o Canadá. Del mismo modo, frente a Venezuela, existen Francia, Estados Unidos, Alemania o Finlandia.

¿Qué monarquía, qué república?

Si no somos más explícitos, exigir que se elija entre monarquía o república es tramposo: ¿qué tipo de monarquía, qué tipo de república?

Si mañana tuviéramos una república, España seguiría con seis millones de parados, la misma pobreza, la misma corrupción y el mismo modelo de Estado ineficaz. En realidad, a la Corona no le ocurre nada distinto de lo que le pasa al resto de las instituciones españolas. Carece de transparencia y de un marco legal adecuado. Además, el bipartidismo, creyendo que le hacía un favor, ha perjudicado seriamente la imagen de la familia real al protegerlos con descaro ante ciertos escándalos.

Unión Progreso y Democracia (UPyD) ha exigido, y no ahora o ayer, hace ya tiempo y mediante una proposición no de ley en el Parlamentó, reformar la Corona para adaptarla a los mismos criterios democráticos que cualquier otro ámbito del Estado. Si PP y PSOE lo hubieran entendido así y no lo hubieran tomado como un intento de devaluar a la jefatura del Estado, quizás hoy la situación sería otra.

¿Quiere esto decir que no se puede cambiar la forma de gobierno? Por supuesto que sí. Y sólo es posible de dos formas: o saltándose la ley o a través de una reforma de la Constitución. Si se quiere cambiar la Constitución es imprescindible que se aborden todos los defectos que ha demostrado tener. Por citar sólo uno: prescindir de la provincia como circunscripción para tener una ley electoral justa. Es chocante que la misma izquierda que exige la abolición de la monarquía por un procedimiento ilegal sea la que renuncia a cambiar la ley electoral allí donde puede porque gobierna: Andalucía. No se puede ser más hipócrita.

Un asunto menor

UPyD no ha querido nunca tomar una posición a favor o en contra de la monarquía porque es un asunto menor que levanta las pasiones y absorbe las energías que el país necesita para las reformas de calado. Es una irresponsabilidad -y señala hacia intereses ocultos- poner la república como el principal objetivo político, por delante, por ejemplo, de la reforma en profundidad del mercado laboral. Esto, en el fondo, lo sabe cualquiera. Lo que ocurre es que a los que viven de la división y del frentismo, este debate les parece un filón.

Desde el preciso instante que estamos diciendo esto comenzó una lluvia de críticas a UPyD por “ser monárquicos”, por “defender instituciones anacrónicas” o por no querer “oír al pueblo”. Esto último, “oír al pueblo”, significa, al parecer, convocar un referéndum para consultar a los ciudadanos si quieren que el modelo de jefatura del Estado sea el de una monarquía o el de una república. Dicho referéndum, con la Constitución en la mano, no es posible para decidir de por sí el modelo de gobierno, ya que el artículo 92, que invocan quienes lo defienden, no está contemplado para elegir cambios en la jefatura del Estado.

La única vía posible para consultar a los ciudadanos sobre un cambio en la forma de gobierno es la que se contempla en la propia Constitución: disolución de las Cortes, elecciones a Cortes Constituyentes, redacción de la nueva Constitución y referéndum, con todo lo que ello conlleva. No hay atajos posibles, ya que el principio básico de la democracia es que, mientras una ley esté vigente, debe cumplirse.

Los problemas que importan

Vivimos en una situación de crisis económica, política, institucional, de confianza, de valores y de desapego ciudadano. Vivimos en una sociedad donde la gente es desahuciada de sus casas porque no puede pagar la hipoteca, y donde cinco millones de parados malviven a diario. Tenemos a dos comunidades autónomas pidiendo la independencia, y tenemos a partidos populistas de extrema izquierda y de extrema derecha creciendo por toda Europa. Tenemos a nuevos mesías, líderes de la tertuliocracia, aprovechándose y sacando rédito de la desesperación de la gente para engañarlos con sus idílicos cuentos, prometiendo fantásticas soluciones que acabarían con la crisis de un plumazo, pagándonos a todos un sueldo, dejando de pagar la deuda y abandonando el euro. Y defendiendo la paz, pero defendiendo a la vez la necesidad de “hombres, y también mujeres, armados, preparados y disciplinados".

Si no hubiera gente viviendo en la pobreza, si no hubiera familias enteras en el paro, si no tuviéramos una administración elefantiásica llena de organismos duplicados mientras los hospitales están colapsados, si no hubiera políticos corruptos, y si no hubiera guillotinas en las manifestaciones, entonces podríamos dedicar nuestras energías a pensar en cambiar la forma de gobierno si así lo quiere la mayoría de los ciudadanos, siguiendo el trámite previsto para ello en la Constitución, de forma tranquila y sin aspavientos. Pero no es el momento.

Cuando a la gente se le pregunta cuáles son los principales problemas del país, responde que son el paro, la corrupción, la economía o la sanidad, pero no responde que uno de los principales problemas del país es la forma de la Jefatura del Estado.

No nos engañemos: la república, para cierto sector de la izquierda populista, además de representar la revancha, por una mentalidad anquilosada en el guerracivilismo, se ha convertido en la misma entelequia que la independencia para los nacionalistas, como si el mero hecho de levantarnos una mañana con un presidente de la República de España sirviera para acabar de un plumazo con la crisis, la corrupción, el paro o la pobreza, problemas, estos sí, reales y palpables que afectan y preocupan a millones de ciudadanos cada día.

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(*) Jerónimo Romero-Nieva es militante de UPyD. Enfermero graduado por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Salud Mental y en Enfermería en Cuidados Médico Quirúrgicos. Master Oficial en Investigación y Cuidados por la Complutense. En la actualidad, enfermero del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital 12 de Octubre. Acumula 20 años de servicios en el Servicio de Urgencias de ese hospital.

Miembro de diversas sociedades científicas de enfermería y presidente durante ocho años de la Unión Española de Sociedades Científicas de Enfermería. Ha sido Gerente de la ONG Enfermeras para el Mundo.

Autor de 12 libros de temática sanitaria. Conferenciante y ponente en más de 120 Congresos de Enfermería de ámbito nacional e internacional. Presidente de la Asociación de Vecinos San Blas, en Manzanares, sede de la Escuela de Ciudadanos. Miembro de la junta directiva del Colectivo El Zaque, asociación cultural de Manzanares.

1 comentario:

  1. Sin duda hay problemas más importantes e inmediatos que el debate entre monarquía o república -para muchos, a día de hoy, qué va a hacer España contra Chile el miercoles. Viene este debate a colación porque acaba de abdicar el rey titular y nos ahorraríamos tiempo y dinero si en vez de que le sucediera otro, aprovecháramos, junto a otras muchas reformas de que la Constitución necesita, y pasáramos a una república.
    ¿Qué muchos solicitan un procedimiento ilegal? Si estamos atados por el bipartidismo y la partitocracia, que tanto critica UPYD, al menos ahora que les es perjudicial, ¿qué otra queda? Aunque si solicitar un referendum en una supuesta democracia es ilegal -sí, claro, no lo contemplan las leyes "democráticas"- ¿qué es entonces el que exista una monarquía en un Estado cuya Constitución proclama como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la IGUALDAD y el pluralismo político? Pues entonces la monarquía es inconstitucional e ilegal y lo único que tendrían que hacer los profesionales de la monarquía sería el próximo jueves renunciar a cualquier sucesión, sueldos y prebendas y practicar la Constitución, empezando a buscar piso.

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