domingo, 17 de febrero de 2013

V Curso 2012-13: debate eurodiputados, anuncio del evento

Unidos a Europa

E.C.

Invitación al debate 
El próximo viernes día 22, tres destacados diputados en el Parlamento europeo debatirán en la Escuela de Ciudadanos sobre si nos interesa la Unión Europea tal y como la vemos hoy.

Serán Cristina Gutiérrez-Cortines (Grupo Popular Europeo), Miguel Ángel Martínez (Alianza Socialista e Progresistas y Demócratas) y Willy Meyer (Izquierda Unida Europea).

Una Europa que está siendo “arrasada por un incendio, que la ha sumido en una espiral de recesión y desempleo, y los bomberos han llegado tarde”, como sostenía el expresidente Felipe González hace unos días en Bruselas. (Ver información al fin al de esta entrada).

Una Europa que acaba de aprobar su presupuesto para los próximos siete años. Unos presupuestos que se han reducido por vez primera, pero que según el presidente Mariano Rajoy, a España le ha ido bien en el reparto: seguirá recibiendo más dinero del que aporta. (Ver informaciones al final de esta entrada).

A pesar del euroescepticismo creciente, el destino de España está irremediablemente unido al de Europa. Por ello, iniciamos un nuevo debate en la Escuela de Ciudadanos bajo el título ¿Nos interesa esta Europa?

Inicia el debate el periodista Eduardo San Martín, quien también actuará como moderador del debate en vivo entre los tres eurodiputados citados, que celebraremos el próximo viernes día 22, y al que están invitados todos nuestros seguidores y lectores. (Ver convocatoria).

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La Europa inevitable

El futuro de España es el de Europa, cualquiera que sea éste, salvo catástrofe irremediable que, en este comienzo de año, representa una probabilidad más lejana que hace doce meses

La disyuntiva austeridad-crecimiento no existe como tal; ambos son elementos de una misma política: la de garantizar el bienestar y la prosperidad de los ciudadanos de un Estado

Dos realidades condicionan gravemente la autonomía del poder político: las decisiones económicas, mucho más centralizadas, y las innovaciones tecnológicas

Por Eduardo San Martín (*)

Europa no es una opción. Ni siquiera “esta Europa”, una realidad política a la que se adjunta un adjetivo demostrativo visiblemente descalificatorio.

Tampoco la que pueda surgir del inmenso pantano a la que la han conducido unos dirigentes continentales que han carecido de la perspectiva histórica que les permitiera ver más allá del horizonte limitado de sus políticas domésticas, aunque lentamente los proyectos de futuro van recuperando la dimensión federal que perdió durante lo peor de la crisis.

El futuro es Europa 



El futuro de España es el de Europa, cualquier que sea éste, salvo catástrofe irremediable que, en este comienzo de año, representa una probabilidad más lejana que hace doce meses. 



Lo que sí constituye una opción son las políticas que se practican en esa Europa inevitable. Y, para nuestro país, en qué medida es capaz de influir o no en esas políticas y, en consecuencia, cuáles son las estrategias más adecuadas que deberá adoptar en política económica y exterior para conseguirlo. 

Y en ese terreno existe un amplio campo de debate interno, en contra de quienes sostienen que la autonomía de los Estados está irremediablemente condicionada por la potencia de algunos de los socios o por la ortodoxia asfixiante de ciertas instituciones compartidas. 

Tampoco la austeridad financiera es una opción. La disyuntiva austeridad-crecimiento no existe como tal; ambos son elementos de una misma política: la de garantizar el bienestar y la prosperidad de los ciudadanos de un Estado.

Cuentas en orden

La condición previa de cualquier política de crecimiento sostenible y financiable es la de tener las cuentas propias en orden, lo que no tiene por qué significar necesariamente un déficit cero, pero sí un desfase que sea manejable.

En este caso, la opción consiste en qué proporción hay que administrar cada uno de esos elementos en un momento determinado y con qué duración. Y, aunque tampoco lo parezca, en ese terreno existe igualmente un margen de maniobra y un ámbito de decisión política bastante más importantes de lo que sostienen quienes se dejan llevar por una visión determinista de la realidad económica.

Todo lo cual conduce a la última reflexión que quería exponer en este texto introductorio: creo, en contra de esos mismos deterministas, que el poder político es el más importante de cuántos existen, excepción hecha naturalmente de la fuerza bruta de las armas. Otra cuestión es que se quiera ejercer según en qué circunstancias.

La autonomía del poder político

En una sociedad civilizada, el poder político dicta las leyes y las reglas de juego; ningún otro poder tiene esa capacidad. Como no me he caído de ningún guindo, admito que, en este mundo global, existen al menos dos realidades que condicionan gravemente esa autonomía. En primer lugar, las decisiones económicas, mucho más centralizadas, y las innovaciones tecnológicas que las propagan, que van siempre muy por delante de las de los Estados.

Y, en segundo, para que las iniciativas políticas surtan efecto en esa realidad globalizada, resulta imprescindible el consenso de los principales centros mundiales de decisión; en caso contrario, los poderes económicos aprovecharán los intersticios para sortear las reglas más exigentes. Y eso no está ocurriendo (más de cuatro años después siguen sin desarrollarse las normas de gobernanza económica internacional prometidas en las primeras reuniones del G7 y del G 20 después de la crisis); o sucede con exasperante lentitud, como en el caso de las medidas de política financiera y bancaria común para combatir la crisis de la deuda soberana en Europa.

Pero, aun reconociendo esos condicionantes, así como la capacidad “persuasiva” del dinero, la inacción de los Estados es con frecuencia el resultado de la falta de una voluntad política decidida o de los egoísmos nacionales. 



Mejor que en 2012

En ese marco, en este año veremos acontecimientos que pueden modificar algunas de las políticas europeas seguidas hasta el momento.

Destacaría dos: el equilibrio que deberá establecerse en los próximos consejos europeos entre los proyectos federalizantes de las instituciones de la Unión y la resistencia de algunos Estados importantes, y no sólo de Berlín, así como el ritmo de los avances propuestos; y la posibilidad de que tras las elecciones alemanas de octubre cambien algunas políticas del gobierno actual, ya sea por la formación de una coalición nueva o porque se despeje el panorama doméstico de la canciller Merkel para los siguientes cuatro años.

Lo cual, con todas las reservas, nos sitúa en una perspectiva menos lúgubre que a comienzos de 2012.

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(*) Eduardo San Martín (Ciudad Real, 1947) es licenciado en Derecho y Periodismo. Veterano y acreditado periodista que se inició en la agencia de noticias EFE, en 1970, cuando solo contaba 23 años. Fue corresponsal en Marruecos y Portugal, país en el que vivió durante la Revolución de los claveles.

Ha trabajado en los más importantes periódicos de España. Formó parte del equipo fundador de Diario 16 y El País. En este último periódico ha ocupado varios cargos, el último, como subdirector de Opinión.

Ha ocupado otros altos cargos directivos en El Globo, El Sol, El Siglo, La Verdad y ABC, periódico éste del que fue director adjunto en el periodo 2002-2009.

Ha trabajado también en radio y televisión. Entre 1993 y 1996 dirigió los Telediarios de la tarde y de la noche de TVE. Posteriormente, ha colaborado como analista político en la Cadena SER, TVE, CNN y Punto Radio.

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Enlace con la convocatoria del debate entre los tres eurodiputados 

1 comentario:

  1. El tema es muy interesante y permite muchas facetas para analizarlo, la económica, la política, la cultural, etc. Pero si miramos desde fuera y a largo plazo, sobre todo a los países emergentes, con sus enormes avances y enormes contradicciones, cabe pensar que Europa ya no es el referente, como lo ha sido durante siglos, incluso para países como USA, una especie de traslación de Europa. Los modelos de China, Corea del Sur, por citar dos ejemplos nos preocupan por su capacidad de penetración. Sin dejar Europa, yo me planteo si no nos interesaría más una verdadera integración entre los países de hablas hispánicas. Rafael de Cózar

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