jueves, 9 de agosto de 2012

Temas a debate: La calidad de la democracia

El club de los defensores de la democracia

Forman parte de ese club quienes creen en la insustituible misión de los Parlamentos (y, por ende, de la política),
así como en la dignidad e importancia de la Ley

¿Cómo convencer a la ciudadanía de la importancia de la labor política y legislativa, si algunos de los propios políticos la ponen en entredicho?

La política es el instrumento de esperanza de los pueblos, es el instrumento que nos damos en democracia para cambiar y mejorar la vida de la gente


Por Pilar Navarro (*)

Ahora que está tan de moda pertenecer a algún club, sea de lo que sea, no puedo más que añorar aquellos tiempos en los que la pertenencia a un grupo o a un club era mucho más que una mera cuestión social o de moda, era toda una forma de entender la vida.

El Siglo de las Luces, entre otras muchas cosas, fue también el siglo de las leyes. Se creía en la ley como instrumento de control y dirección social. Y se veía, además, en aquélla la garantía de la libertad.


La Ilustración, tal vez como ninguna otra época, conoció la pasión por las leyes; una pasión que llevó a los revolucionarios franceses a constituir en la antigua capilla de Santa María, en el barrio de Saint-Antoine, el Club de los Nomófilos, el club de los apasionados por la ley, que era también como decir el club de los amantes del Parlamento. Así lo explica el profesor Virgilio Zapatero en el prólogo al libro de Jeremy Bentham titulado Nomografía o el arte de redactar leyes.

Regresión en plena globalización

Tres siglos después de la constitución del Club de los Nomófilos, en plena era de la globalización, asistimos atónitos a una regresión tan fuerte que lleva a algunos representantes políticos, que además forman parte de las cámaras legislativas, a poner en cuestión la actividad que en las mismas se desarrolla y la eficacia de las leyes que se proponen y aprueban.

El último ejemplo lo hemos tenido hace escasamente unas semanas, con la ausencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuando el Congreso de los Diputados debatió la convalidación del mayor recorte presupuestario de la historia democrática de España, aprobado finalmente sólo con los votos del Partido Popular.

Tampoco le ha parecido bien al señor presidente del Gobierno, con la que está cayendo, que este año se celebre el habitual Debate del Estado de la Nación, que si es importante cualquier año, mucho más lo es en estos momentos de dura crisis económica y de permanentes dudas sobre la solvencia financiera de España.

El Gobierno evita el Congreso

Pero ahí no acaba la cosa. El problema no es sólo que el presidente del Gobierno ningunea constantemente a la Cámara donde reside la soberanía del pueblo español, sino que lo peor es que en estos últimos siete meses hemos podido comprobar perfectamente cómo todo el Gobierno en pleno, con su presidente a la cabeza, evitan continuamente el debate en el Congreso, mientras que se discute el plan de rescate a la banca española en otros Parlamentos, especialmente en el de Alemania.

Es más, lo único que hemos escuchado de boca de algunos dirigentes políticos es que “un modelo productivo no se cambia por ley”. ¿Quieren decir con ello que lo que se debata o apruebe en el Congreso de los Diputados no sirve para nada?

Si los integrantes del Club de los Nomófilos levantaran la cabeza, no darían crédito.

Después de tres siglos de avances sociales y culturales, hemos pasado de la nomofilia de los políticos ilustrados a la nomofobia de algunos políticos actuales, lo cual es muy preocupante.

La política y los políticos

Pero lo más preocupante de toda esta situación es que esos planteamientos están calando cada vez más en la opinión de los ciudadanos. Porque, ¿cómo convencer a la ciudadanía de la importancia de la labor política y legislativa, si algunos de los propios políticos la ponen en entredicho?

Así, no es de extrañar que en el último Barómetro del CIS, los ciudadanos hayan colocado como su tercera preocupación a “la clase política, los partidos políticos”. Es más, según esa encuesta, para 25 de cada 100 españoles, los políticos son un problema.

Los ciudadanos confiesan sentir cierto desamparo por la falta de seguridad y de tranquilidad que les transmiten las principales instituciones de nuestro sistema y, de manera especial, la clase política, que es precisamente la que debería estar llamada a liderar la salida de la crisis. Dicho de otra forma, los políticos, hoy por hoy, son vistos por los ciudadanos no como parte de la solución, sino como parte del problema.

La política es una esperanza

Y esto sí que debe encender todas las alarmas de nuestra democracia, ya que si se deteriora la política, se deteriora la democracia. La política es el instrumento de esperanza de los pueblos, es el instrumento que nos damos en Democracia para cambiar y mejorar la vida de la gente. Ya lo decía Aristóteles: “el hombre es, por naturaleza, un animal político”. Por tanto, no luchemos contra nuestra propia esencia, robándole la esperanza a muchas personas. Defendamos a capa y espada la importancia de la política y el papel fundamental de nuestros Parlamentos. Esos sí, al frente de esa lucha deberían estar ellos mismos, los políticos, predicando con el ejemplo, cosa que, por ahora, brilla por su ausencia.

Si existiera en nuestro tiempo un Club de los Nomófilos, seguro que habrían formado parte destacada en el mismo políticos de la talla de Leopoldo Calvo Sotelo, Gregorio Peces-Barba, Jordi Solé Tura, Plácido Fernández Viagas o Alfonso Perales, que por desgracia ya no están entre nosotros, pero que dedicaron lo mejor de sus vidas a dignificar la política con mayúsculas.

Para los demás, recomiendo encarecidamente la lectura de la Nomografía de Bentham, que puede dar todavía algún aliento a quienes creen en la insustituible misión de los Parlamentos (y, por ende, de la política), así como en la dignidad e importancia de la Ley. Quizá, de esta forma, consigamos que todos o la gran mayoría de españoles quieran seguir perteneciendo al Club de los defensores de la Democracia.

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(*) Pilar Navarro (Almería, 1977) es abogada y doctora Cum Laude en Derecho de la Energía

Pilar Navarro


Obtuvo el mejor expediente académico de España en 2001, al conseguir una nota media de 10 en la Licenciatura de Derecho. Ha recibido numerosos premios, entre ellos: Premio Nacional Fin de Carrera, Premio Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, Premio Fundación Sevillana de Electricidad, Premio Decano Rogelio Pérez Burgos, Insignia de Oro de Andalucía, Distinción de Honor de la Universidad de Almería, y Premio Jóvenes Juristas, de Garriges & Andersen y la Universidad de Navarra.

En 2005 se doctora cum laude por unanimidad con la defensa de su tesis doctoral sobre el Régimen Jurídico de la Comisión Nacional de Energía, para cuya elaboración realizó investigación en el Centre for Regulatory Studies de la Universidad de Glasgow (Escocia, Reino Unido). Dicho trabajo ha sido publicado por la Editorial Marcial Pons en el año 2008.

Ha sido Profesora de la Universidad de Almería, de la Universidad Internacional de Andalucía, de la Universidad Internacional de La Rioja, del Club Español de la Energía (ENERCLUB), con sede en Madrid, y del Centro de Estudios Municipales y de Cooperación Internacional (CEMCI), con sede en Granada.

Es autora de otros ocho libros, entre los que destacan dos sobre temas educativos y de formación con la Editorial Planeta (Mis claves del éxito para estudiar mejor y Prepara oposiciones con éxito), así como de diversas publicaciones especializadas en materia de Energía (las dos últimas, con la Editorial La Ley). Ha formado parte del Consejo Asesor de la Agencia Andaluza de la Energía y del Consejo Social de la Universidad de Almería, y ha coordinado el Grupo de Trabajo para el desarrollo reglamentario de la Ley 2/2007, de 27 de marzo, de Fomento de las Energías Renovables y del Ahorro y Eficiencia Energética de Andalucía.

En 2007 fue seleccionada para formar parte del Informe Mujer y empleo: opciones y decisiones, elaborado por el Círculo de Progreso e Infoempleo, como una de las 150 mujeres españolas con mayor proyección laboral de toda España.

En la actualidad, interviene como analista en los Programas Hoy por Hoy y La Ventana Andalucía, de la Cadena Ser, y Buenos Días Andalucía de Canal Sur TV.

En el ámbito político, ha sido concejala en el Ayuntamiento de Almería (la más joven de la Corporación 2003-2007), secretaria de Ideas y Programas del PSOE de Andalucía, secretaria general adjunta, viceportavoz adjunta y portavoz de Justicia del Grupo Socialista en el Parlamento de Andalucía de 2008 a 2012, y vicepresidenta de la Fundación Alfonso Perales de 2008 a 2010.

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