lunes, 1 de agosto de 2011

Pecados de euforia y de pánico



Manzanares, 29 de octubre de 2009

Por Manuel Pimentel

Muchísimas gracias a todos y todas por estar aquí y participar en este acto en el que vamos a hablar de algo tan atractivo, y al mismo tiempo tan lejano o cercano como queramos, que es la ciudadanía. 
Ciudadanos somos por derecho y por nacimiento. Pero el ciudadano o la ciudadanía, y así lo entiendo además, conociendo al director de esta Escuela, Román Orozco, va mucho más allá de habitar o tener un carné de identidad, o un pasaporte. Conlleva un compromiso, una vocación, una participación, una voluntad de participar y ser en el bien colectivo que es el Estado, la sociedad, el municipio o la región.
Esta noche voy a hablar sobre algunos temas de actualidad: de la corrupción, que me preocupa mucho;  un poquito de economía, que también me preocupa mucho, y del papel de España, con sus riesgos y sus posibilidades. Terminaré haciendo una reflexión de carácter más político. 
Actualmente, me muevo en el mundo de los libros. No soy una persona de certezas. Tengo muchísimas dudas y carezco totalmente del don de la clarividencia. Por tanto, dudo continuamente.  De hecho, probablemente, pertenezco a ese grupo, muy odiado normalmente, de relativistas. 
¿Qué significa relativista? Yo intento hacer las cosas bien. Busco verdades, pero todas las doctrinas conllevan algunos principios hermosos, convenientes; algunos principios que han funcionado en determinadas circunstancias, pero que también conllevan a veces rigideces o dogmatismos o mal funcionamientos que hacen que pierdan parte de ese aroma beneficioso. 
Les va a hablar una persona que no pretende adoctrinar, que tiene dudas, que no tiene todas las certezas que le gustaría. Cuando una persona me dice esa expresión de “yo lo tengo clarísimo, esto lo arreglaba yo en cinco minutos”, pienso que efectivamente te puede arreglar la vida en cinco minutos, pero el que te arregla la vida en cinco minutos normalmente no lo hace para bien general, para bien tuyo, sino suyo. 
Una vez hecho este preámbulo de dudas, les hablaré desde una experiencia política limitada en el tiempo, pero intensa como todas las personas que están en política. La política no se puede vivir de otra forma que no sea pasionalmente. La política tiene una componente intelectual, pero no te deja tiempo para racionalizar, ni para pensar. Tienes que resolver mil conflictos. Esto hace que la política sea extraordinariamente literaria, shakesperiana.  Si leéis a Shakespeare, observareis que era pasión pura, la envidia, los celos, la pasión, todo puro, no hay masa sanguínea latiendo. 

En la política, aunque no en toda, hay mucha inteligencia, hay mucho juego de ajedrez. Pero tiene sobre todo un componente pasional puro. Ves las pasiones en su pureza. Yo intentaré hablar sin esas pasiones. Voy a intentar,  como a veces hay que hacer en la vida, salirme un poquito para hablar desapasionadamente de la dinámica política o de cual es nuestra situación. 
Otra impresión más: soy andaluz, me siento español, amo lo que significa España, la Hispania ancestral, y además soy optimista. En muchas ocasiones, soy una de las pocas personas que en algunos debates sigue teniendo bastante confianza en nuestras propias posibilidades, a pesar de la que está cayendo.
España es un auténtico milagro. Ahora mismo estamos todos muy deprimidos -perdonad que utilice el masculino, no quiero excluir a ninguna mujer y por eso pido disculpas-. Deprimidos por la crisis, consternados. No nos lo esperábamos. Yo no me lo esperaba la intensidad con la que nos ha caído la crisis. Esperábamos todos, quizás, la crisis de la construcción. Se venía contando: no era lo normal, construíamos mucho. Pero este tsunami financiero, el escándalo de las subprimes, la restricción del crédito, esta crisis internacional brutal, no nos la esperábamos. Por eso, nos hemos quedado un poco congelados. 
Las personas que han perdido el empleo sufren una situación durísima. Posiblemente habrá aquí algunos empresarios o pequeños empresarios, que también lo estarán pasando.  Todos estamos ahora mismo muy deprimidos y creemos que España no tiene futuro, que lo hemos hecho mal. Hemos vivido en una especie de orgía tremenda de la construcción. Parecíamos seres semovientes que solo sabemos construir y una vez que se acaba la construcción, no tenemos futuro. Estamos pasando ahora un momento anímico malo, como sociedad, que se expresa en varias facetas. 
En este momento malo, recuerdo un libro que he leído hace poco de Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED). Greenspan era un tipo muy poderoso, que hacía subir o bajar la bolsa con una declaración suya. Fue admirado y loado en su mandato y ahora está siendo muy criticado, porque se le achaca gran parte de la burbuja financiera. Supongo que haría cosas bien y cosas mal. Su libro La era de las turbulencias, está pues escrito por escribe una persona mayor, con muchísima experiencia. No cabe duda de que Greenspan es una persona inteligente, que escribe desde la sabiduría. 
Como sabéis, no es lo mismo sabiduría que conocimiento. Conocimiento es acumular información con capacidad de análisis. Sabiduría es lo que destila la vida. La persona con sabiduría y conocimiento es lo mejor, porque tiene más materia para destilar y la esencia que produzca será más aromática y más acertada. 

Greenspan, con su sabiduría, dice algo que me hizo pensar mucho y que cada día me creo más: en economía solo hay dos estados posibles, el de euforia y el de pánico y se pasa de uno a otro sin solución de continuidad. Viniendo de un liberal, después matizaba: por eso el deber del Estado, de  las instituciones, es atemperar los dos extremos, el de euforia, el de la curva arriba cuando nos sentimos guapos, ricos, simpáticos, nos comemos el mundo y el de abajo, cuando nos vemos como gusanos en el barro. Tenemos que atemperar lo alto y lo bajo. 
En la naturaleza humana  sucede igual: todos tenemos un grado e ciclotímico. Algunos días vemos el mundo estupendamente, nos sentimos bien. Otro día, sin saber muy bien por qué, nos vemos mal y el mundo parece que es más gris de lo que veíamos el día anterior. 
En economía, esto se acentúa aun más. Venimos de un tiempo de euforia. El mundo viene de un tiempo de euforia. España viene de un tiempo de supereuforia. Todos cometimos pecados de euforia. El pecado de euforia está muy extendido. ¿Cómo se peca de euforia? 
Nos entrampamos más allá de lo que debíamos, de lo prudente. Compramos más allá de lo que deberíamos. El empresario se entrampó o invirtió más allá de lo que debía. El consumidor consumió más…Esos son pecados de euforia. Por ello, cuando cambió el ciclo, nos pilló a todos endeudados, o pilló endeudados a un porcentaje alto de personas, Estados y empresas. 
Ahora estamos en una mala situación, estamos en pánico, estamos abajo. Pero ojo, también existen pecados de pánico. El pecado de pánico es: “no me muevo, no invierto, no gasto, no hago nada, me quedo en mi casa”. El pecado de euforia es más grave que el de pánico, porque cuando se comenten los grandes errores en la vida, normalmente, es en la fase de euforia. Pero el pecado de pánico es peligroso en una sociedad. 
En esta crisis ha surgido un debate muy interesante: el papel público en la economía, que respetando la libertad individual y de empresa, que son cosas fuera de todo debate en este momento, debe servir para atemperar, limitar, frenar un poquito la euforia cuando nos pasamos de rosca. 
Debe ayudar en estos momentos de pánico. Porque si no hay iniciativa pública ahora, no se movería absolutamente nada en este país.
Hago memoria de lo que ha pasado porque tendrá mucha influencia política en el futuro, la está teniendo ya. 

Nos situamos en el año 2007. Durante el verano, España todavía crecía fuerte. El crecimiento en los últimos en España nace en 1994, se acelera en 1995 y en 1996 ese crecimiento es muy destacado. Dura hasta el 2007. 
Hemos estado prácticamente 13 o 14 años con crecimiento económico muy fuerte, muy fuerte. Recuerdo la anterior crisis. En 1994, se llegó al 24%  de desempleo. Esos años, 93/94 no cumplíamos entonces ninguna condición exigible por Maastricht: deuda pública, inflación… o no sé qué otras historias. Si a mí, en aquel momento, a todos nosotros, nos hubieran dicho que España iba a tener 14 años de crecimiento tal que, a) el desempleo del 24% bajará al 8%, que es un paro menor que la media europea; b) la renta per cápita va a superar a la italiana; c) el crecimiento va a doblar al europeo. Si a nosotros nos dicen eso en el 93, no nos lo hubiésemos creído ninguno. Imposible. ¿Cómo, nosotros, españoles, tan cerrados y tal, podemos bajar tan drásticamente el desempleo?
Pero la realidad se impuso y situó el desempleo en 2007 en nuestro mínimo histórico, el 8%, por debajo de la media europea. 
En 2007 comenzamos a sacar pecho. Estábamos en la fase de euforia. Era normal. Nos veíamos guapos, presumíamos de ser más ricos que éste y que íbamos a ganar al otro. Normal, nos pasa a todos cuando estamos en euforia. Pero atención: los pecados acechan.
Si en 2007 me hubieran dicho, Manolo, en 2009 o incluso en 2010, porque todavía hay desgraciadamente un poquito de crecimiento de desempleo, en 2010 España va decrecer -4% y va a tener un desempleo del 20%, tampoco me lo hubiera creído. Ni en mi peor pesadilla hubiera podido sospechar, ni ningún analista sospechó, que en solo dos años aumentaríamos el desempleo de tal forma que nos dejara a todos absolutamente perplejos. 
Primera lección que te da la vida y que debemos aprender: 1) es imposible vaticinar el futuro en casi nada y mucho menos en economía; y 2) las crisis pasan de vez en cuando, volverán a pasar y de esta saldremos. Daré mi opinión, equivocada o acertada: durante unos años, volveremos a crecer, más lentitos; luego, la economía se irá recalentando. Volveremos a vivir nuevas etapas de euforia. Volveremos a vivir nuevas burbujas, porque el alma humana no tiene enmienda. Volveremos a tener crisis. 
Pero lo primero que tenemos que pensar ahora que estamos en crisis es: no pequemos de pánico. Debemos tener la convicción de que vamos a salir de ésta y por tanto hay que tomar decisiones empresariales, laborales, profesionales o personales, no creyendo que esto va a seguir para abajo para siempre, sino pensando que va a empezar a salir más pronto que tarde. Vamos a empezar a remontar lentamente, pero vamos a ir remontando. Esto es muy importante, porque si, por ejemplo, si en el mundo de la inversión alguien está pensando comprar una vivienda y es de los afortunados que le dan crédito, que ese es otro problema, es mejor comprar ahora que esperar a dentro de dos años porque piense que va a seguir bajando.
Segunda cosa que surgido con una fuerza tremenda: la deflación. La bajada de precios a causa de la depresión económica. Siempre hemos criticado mucho a los especuladores. Pero, ¿qué es un especulador? Es la persona que adquiere un bien, lo guarda y espera a que pase el tiempo y llegue alguien, lo compre y multiplique su valor. Hemos sido una sociedad especuladora. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Todos hemos vendido la casa de la abuela, vendimos un piso para comprarnos otro. Este año de, alguna forma, todos hemos tenido plusvalías por algún lado. Un porcentaje elevado de la población ha sido especulador. Esa alma especuladora la tenemos los españoles, es algo congénito. 

Cuando viene el ciclo hacia arriba, compres. Y lo compras, lo ves barato, porque dices: esto vale 10 y lo voy a vender por 12, pues lo compro. Nos hemos metido mucho con el especulador pensando que es una especie de parásito social, que no crea riqueza y que lo que hace es vivir de la renta.  Supongo que un poco de especulación está bien y que mucha especulación será mala. 
Ahora estamos viviendo un fenómeno que yo llamo de especulación inversa o antiespeculación, que es todavía más inmoral si cabe que la otra. Pero es también consustancial al ser humano y no puede evitarse. ¿Qué es la especulación inversa? Cuando se piensa así: yo puedo comprar, tengo dinero para comprar, necesito comprar, pero no compro porque creo que lo que quiero comprar va a bajar de precio; todo lo que yo pague hoy, lo voy a ver caro, porque mañana va a estar mas barato.
La especulación inversa, en la que estamos ahora mismo, tiene un componente muy sanguinario. Espero que lo que deseo siga bajando y lo compraré cuando el vendedor esté ya al límite, no pueda bajar ya más. El alma humana es especuladora para arriba y también para abajo. Ahora se está en ese fenómeno de especulación inversa que tiene un reflejo técnico que se llama deflación, que es la caída de precios, en la cual todavía estamos y esperemos salir pronto y volver a una mesura.
Todos estos ciclos muestran que las pasiones humanas individuales y colectivas tienen su reflejo en la economía. Como no podemos hacer nada por evitarlas, porque en el fondo tenemos mentalidad especuladora, los sistemas públicos tomar medidas que atemperen y equilibren esta materia.
Regresemos a 2007, en tiempos de euforia. Empezamos a ver cosas. Recuerdo perfectamente que iba en coche a la playa desde Córdoba y oigo o un palabro en la radio: subprime. Yo no tenía ni idea de lo que eran las subprime. Una forma de refinanciamiento o colocación de activos. En 2007 oigo ya por vez primera que hay una crisis financiera que arranca en los Estados Unidos, sobre la base de unas titulaciones de hipotecas de segundo y tercer grado, que son hipotecas basura y que por tanto no se van a cumplir. Oímos que esos activos estaban en los bancos, considerados como activos buenos, pero en realidad no valían nada, etc, etc,.. 
Nos dijeron que la crisis va a ser tremenda, pero la verdad es que no me lo creo. Pero efectivamente, había una crisis brutal que llegó a su punto más hondo en el otoño del año pasado (2008), cuando cae la compañía de servicios financieros Lehman Brothers y entonces cundió el pánico. Recuerdo esos días en los que las bolsas caían un 8% o un 9%,. Recuerdo esas imágenes de televisión, con los trabajadores de Lehman Brothers por las calles de Wall Street, con los periódicos en las manos, que recordaban las fotos del crack del 29, y aquellas colas del desempleo, todo tan absolutamente cinematográfico.
En mi entorno familiar, no sé aquí en Manzanares, aquello nos inquietó hasta el punto que hubo gente que creía que todos los bancos iban a caer y empezó a retirar su dinero del banco. En octubre del 2008 estuvimos al borde de una catástrofe financiera y económica. Entonces se produjo algo sorprendente: hubo una reunión del G-20, no sé si recordaréis, en la que de repente todos los países dijeron, oye, que tenemos que lanzar unos mensajes poderosísimos porque se nos viene abajo el mundo. Estamos hablando ya de un colapso superior al crack del 1929. 
Gobernaba por aquel entonces en Estados Unidos George Bush. Un neo-con (neoconservador), con una base bastante ortodoxa, liberal o relativamente ortodoxa-liberal, pues sería muy complicado matizar. Y si eres seguidor de una doctrina económica que entiende que el mercado se ajusta a sí mismo, en coherencia con tu pensamiento dejas caer las empresas que no funcionan. Que quiebren las empresas, ya nacerán otras. Por eso dejan caer Lehman Brothers
Las siguientes empresas en la lista, y en esto tengo buena memoria, eran AIG y Bank of América. En teoría, iban a caer también. Sin embargo, aquel gobierno neo-con no los deja caer. Empieza a meter dinero público. Se celebra una reunión urgente del G-20 y se toman varias medidas. Por cierto, una reunión a la que asiste España por primera vez, y de eso me siento muy orgulloso, de que estemos en esos foros internacionales. 
Las decisiones que se adoptan son: está justificado que el Estado adopte medidas fuertes, interviniendo bancos, nacionalizando bancos, no dejando caer ninguno nuevo, con estímulos fiscales, estímulos político-fiscales; que el Estado gaste ahora para que siga moviéndose dinero y siga moviéndose la actividad; bajada coordinada de tipos de interés; reforzar el G-20… 
Yo veía el espectáculo, y no salía de mi perplejidad. En aquel momento, un buen amigo mío, Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE, dice aquello de que había que hacer un paréntesis en la economía del mercado. Observaba un espectáculo que me tenía estupefacto intelectualmente: en 24 horas, cuando la necesidad aprieta los pilares más importantes del liberalismo, se adoptan fórmulas que van mucho más allá del keynesianismo clásico, de la intervención pública de demanda agregada. 
Vivimos un momento de asombro, que luego quedó muy matizado. Había pasado antes con la caída del muro de Berlín. De repente, la doctrina comunista falla, se ve que no con los tiempos. Y el liberalismo, falla, se hunden bancos, se intervienen. Inglaterra nacionaliza bancos, algo que nos llenó de inquietud. 
Ha pasado un año desde entonces. El panorama se ha serenado un poquito. Estados Unidos parece que sale;  Francia y Alemania están saliendo; esto se va remansando, aunque todavía hay dudas. 
Manuel Pimentel con el Club de Lectura de la Biblioteca
Los que seáis economistas, sabréis que el debate que tienen los economistas es si la recuperación es en V, que significaría que hemos bajado mucho y subiremos rápidamente; si es en W, es decir, que subiremos, bajaremos otra vez y después volveremos a subir. No hay ni idea. Pero de lo que no cabe duda, es que esto se ha estabilizado y estamos hablando de otro entorno en estos momentos. La reunión del G-20 fue la primera constatación de una intervención global, de la que nuestra generación hemos sido testigos. Cuando decíamos que el mundo era global y que hacían falta instituciones globales, pensábamos que este tipo de cosas era imposible ponerlas en marcha. 
Pero fijaos lo que significa que tantos países se pongan de acuerdo en el G-20. Normalmente son las grandes crisis o las grandes urgencias las que hacen que se den pasos de gigante. En esta ocasión, no es que se llegara a la convicción, pero sí hubo la urgencia de hacer, por primera vez, políticas globales. Esa reunión del G-20 fue una muestra de política global, todos los países importantes del mundo reunidos. Todos, incluido China, decidieron hacer algo simultáneamente, y al día siguiente los bancos centrales bajaron el tipo de interés en todo el mundo. Decidieron unánimemente comenzar una mayor regulación internacional para buscar transparencias en los mercados financieros, etcétera. 
No sabemos en qué quedará todo esto. Los pasos a veces son lentos, pero esa reunión fue una primera visualización de que, en efecto, el mundo era global y teníamos que tener instituciones globales. Esta es la primera idea que ha servido la crisis. Ya tenemos la imagen.
La segunda característica de este G-20 es la puesta de largo del poder de los nuevos actuantes internacionales, que son China, India, Brasil. Ya percibíamos el peso que tienen, y ahora se visualiza. Incluso le toca a China tirar del mundo para recuperarnos. En resumen, ya sabíamos que el mundo es global y ahora se ha visto la eficacia de la acción coordinada y global. Por tanto, si queremos ir avanzando hace falta tener unas ciertas políticas de regulación global, de transparencia global, y en el campo financiero, sin duda ninguna, una mayor responsabilidad global.
Otra conclusión muy importante: todos los partidos y todos los países, gobierne la izquierda, la derecha, el centro-derecha o el centro-izquierda, adoptan políticas muy similares. Por tanto, el consenso en torno a que el Estado está legitimado para intervenir, que es necesaria la intervención cuando la economía aprieta, es un factor importante.
¿Mientras, qué ha pasado en España en este tiempo?
En España hay algunas cosas que han funcionado sorprendentemente bien y algunas que han funcionado francamente mal. 
En los años de euforia, España ha hecho algo muy bien: se fue quitando deuda. Hemos tenido superávit y el Estado fue pagando deuda. Ha llegado a esta crisis con una deuda pequeña, un treinta y tantos por ciento del producto interior bruto (PIB). 
Sin embargo, las empresas y las familias teníamos encima una deuda brutal que nos asfixiaba. Eso significaba que los bancos, como el ahorro nacional no daba para financiar todo eso, tenía que tomar dinero de fuera. Al llegar la crisis, el dinero que llegaba de fuera, no solamente no viene, sino que los bancos españoles tenían que devolver lo que habían pedido antes en el exterior. 
Esta es en parte la justificación de que el crédito, además de que no se fía ya, se haya cortado absolutamente. 
Además de una España endeuda y sin crédito, teníamos un problema: la construcción. En este país se construía más que en el resto de Europa. Y de repente, se pasa de construir mucho a no construís nada. Si me preguntan, ¿quién se va a pegar el tortazo mas grande en actividad económica en Europa?, yo hubiera dicho España.
Pero España no es solamente construcción, afortunadamente. Esa es la parte positiva. La negativa, que nos debería escandalizar como ciudadanos, es que hemos pasado de un paro del 8% al 20%. No podemos convivir pacíficamente, ni resignarnos. Porque países como Alemania, que han tenido un crecimiento económico peor que nosotros, ha caído un 6% y nosotros un 4%, tiene un 9% de paro, como la mayoría de Europa. Hay muchas causas: la construcción, la temporalidad, la baja productividad…
Somos un país con un gran problema económico que no podemos darle la vuelta. No tiene ningún sentido que un país europeo tenga una tasa de desempleo del 18, del 19, o del 20%, El siguiente país que nos sigue es Irlanda, que tiene un 12,5%. Por tanto, la preocupación básica, importantísimo ahora mismo de nuestra ciudadanía, debe ser: esto no nos puede volver a pasar. 
La cuestión es ¿qué tenemos que hacer para que no vuelva a pasar esta tragedia? No hay recetas mágicas, no es cómodo, no es fácil, exige mucho consenso y mucho esfuerzo, pero necesitamos un debate y previamente un acto de voluntad: reconocer que algún problema grave tenemos para llegar  a un 20% de desempleo.
El debate político actual en materia económica es muy menor. ¿Por qué? 
El Gobierno ha hecho un presupuesto para el próximo año (2010) muy continuista. No da la impresión de querer meterse en mayores problemas. Ha tomado alguna medida, excepcional y de urgencia, que hemos apoyado todos, como el plan E. ¿Qué es el plan E? Antes lo comentaba con vuestro alcalde: hacer obras en los pueblos.
Como  estamos atravesando un momento de extrema gravedad, ponemos dinero en circulación para que haya trabajo. ¿Cómo se pone dinero en circulación rápidamente para que haya mucho trabajo? Pues haciendo obras en las ciudades, en los municipios, en los pueblos. Eso no es nada novedoso. Pero ha permitido poner en marcha, y lo hemos apoyado todos, aunque sabemos que no es la solución, muchos puestos de trabajo en los pueblos de España.
Por otro lado, hay otra medida que está bien: se preserva el gasto social. Habría sido una catástrofe quitar prestaciones sociales o reducirlas. Está bien. Pero veo también en el Gobierno cierto conformismo, No se vio venir la crisis y una vez que estamos en ella no veo voluntad de hacer una reflexión muy sencilla: tenemos algunos problemas profundos y tenemos que ponernos a trabajar. 
Si miro a la oposición, tampoco está ahora mismo haciendo su tarea. Está en otros menesteres: sus guerras internas, Caja Madrid, el caso Gürtel, no se qué historias de liderazgo. No está en su mejor momento, lo cual hace que cuando los ciudadanos miran arriba, a los padres y las madres de la patria, no perciben que su problema, el que tienen en su casa, sea la prioridad en estos momentos de nuestra clase y de nuestro sistema político. Y muchos de esos ciudadanos lo están pasando muy mal. Los parados, los autónomos, las empresas, lo están pasando canutas. A muchos les embargan sus casas y miran a sus mayores y no ven que se ocupen de sus problemas. 
A mí también me pasa muchas veces. Como editor, a final de mes las paso canutas. Y si miras arriba, ves que tu problema no es prioritario. Por ello, creo que, como ciudadano, tenemos que exigir muchas cosas, una de ellas es muy básica: que se ocupen del empleo. 
Tenemos un problema muy grave y debemos solucionarlo. Podemos solucionarlo. El entorno internacional está cambiando. Empiezan a pasar algunas cosas buenas y nosotros tenemos un potencial que deberíamos utilizar. 
Estos días hemos tenido una mala experiencia en el diálogo social en España. Pero sabéis que el modelo europeo, aparte de la Constitución que ahora se está haciendo, hay grandes consensos sociales, en los que se fundamenta Europa. Aparte de los criterios de libertad y de respeto a los derechos humanos, que son fundamentales, está la mirada a la tradición liberal, que nace en Europa
Defendemos la iniciativa privada y la libre empresa, pero en equilibrio y conviviendo con los derechos sociales, los derechos de los trabajadores. ,
El Estado del Bienestar, que es la mirada hacia los movimientos de izquierda, nace también básicamente en Europa. Es un equilibrio inestable, pues los partidos de centro-izquierda cargan en una mano y los de centro-derecha en la otra. Nos peleamos, y ese equilibrio siempre será inestable,  pero ese gran consenso está muy metido en la sociedad: libertad de empresa, el Estado como árbitro y derechos sociales. Eso en el mundo laboral se llama democracia industrial. Es una palabra un poco antigua, pero en fin, así se llamaba en los manuales que leíamos en la universidad. Se articulaba a través del diálogo social, de ahí que, aunque tenga mala fama a veces, se dice que las acciones empresariales y sindicales tienen una importancia fundamental en los sistemas europeos. Porque de alguna forma son los contrapesos de esa balanza entre empresas y derecho social. Es muy importante. Yo le tengo mucho respeto a ese juego. Tenemos organizaciones  empresariales muy respetables y muy dignas y tenemos organizaciones sindicales muy respetables y muy dignas. A veces aciertan y a veces se equivocan, pero en ese juego siempre se respeta.
En este caso, en España, desafortunadamente, no se pudo llegar a un acuerdo. No satanizo a los empresarios, tienen sus razones y los sindicatos las suyas. Pero creo que no ha sido acertada la crítica feroz del Gobierno a la postura empresarial. Debería haber tenido un poco más de mano izquierda para reconducirlo. Una vez dicho esto, creo que se reconducirá. Este debate es importantísimo y en este momento más que nunca. 
Por terminar con el capítulo de teoría político-económica, diré que estamos en un momento en donde el más importante partido de la oposición está en sus menesteres; el Gobierno tengo la impresión de que espera que el año 2010, aunque no va a ser bueno, no será tan malo. Cree que no haciendo demasiado eso se va a cumplir. Tengo la sensación de que el Gobierno no quiere arriesgar, porque en el fondo sabe que se va a cumplir esa recuperación. 
Ahora que hemos terminado un ciclo, es verdad, hemos terminado el ciclo de la construcción, (por cierto: no todo ha sido tan malo, ha habido muchos abusos, pero no todo ha sido tan malo), ahora deberíamos sentar las bases de un nuevo ciclo lo mas prolongado posible, más estable. 
Al igual que hubo en su día unos Pactos de la Moncloa, creo que es el momento de que nos sentemos y hagamos un gran acuerdo para sentar las bases de un nuevo modelo económico en España. Las bases de los factores productivos, los factores de competitividad, la productividad, la formación, la educación, las condiciones laborales. Esto parece ahora que es imposible, pero no sabéis las cosas se pueden conseguir desde posturas distintas. 
Pero afortunadamente esto es una democracia y cuando se sienta la gente con un fin único, se consiguen grandes logros. Creo que deberíamos hacer, en fin, lo algunos llaman un nuevo pacto de la Moncloa, un pacto de Estado, y además hacerlo con un consenso razonable. Si en vez de estas sensaciones que recibimos ahora, hubiera un pacto de Estado de estas características, que incorporara factores de economía productiva, de investigación, de mercado de trabajo, fiscales, de inversión pública, de gastos, el mensaje de esperanza y optimismo que lanzaríamos a la sociedad sería tremendo. 
De ahí viene mi optimismo, mi gran confianza en España. Ahora estamos depres y creemos que España se va a quedar atrás. Probablemente, sí, saldremos un poco más atrás. Pero tenemos varios activos muy importantes, pues ya son muchos años creciendo: tenemos unas infraestructuras equiparable a las mejores de Europa, carreteras, AVE, aeropuertos… 
Nuestro nivel de educación mejorable, pero ha mejorado sensiblemente. Nuestro nivel de apertura al exterior ha mejorado sensiblemente. Nuestra sociedad, no toquemos temas morales, que eso es más complicado, pero hay más sociedad, gente más formada, gente más concienciada en estos temas. Tengo la sensación, si nos miramos, que la España de hoy está más preparada y es mejor que la España de hace veinte o cuarenta años. En líneas generales, diría que sí. Seguro que hay algún capítulo que no, pero yo diría que sí. Esto me hace pensar que podemos hacer todavía grandes cosas, que esto no está todavía, ni mucho menos, acabado, ni mucho menos cerrado. Pero, claro, eso  conlleva cerrar un ciclo y ponernos a pensar y fundamentar esta nueva etapa que deberíamos de comenzar ahora.
Aunque soy optimista sobre las posibilidades, no soy nada optimista de que con la realidad política actual, este enfoque sea una prioridad. Los unos, porque están en una situación de continuidad cómoda para ellos y los otros porque están en una prioridad que no es exactamente el debate político-económico de la nación. 
En este punto entro en una materia que comentaba Román en su presentación: la perplejidad que nos causan los casos de corrupción. 
Los casos de corrupción municipal, que es la más nueva, lleva ya años, pero se está extendiendo peligrosamente. Pero hagamos algunas matizaciones previas: en la política municipal hay muchísima gente muy honrada, la mayoría. Sería injusto y frívolo no reconocerlo. La mayoría de las personas que están en política lo están por convicción, por deber, y les debemos agradecimiento. No hay ningún problema.
Pero también es verdad que ya son muchos y muy continuados, que además afectan a todos los partidos, los casos de corrupción. Visto desde fuera, podemos ir lanzando algunas teorías: no son casos aislados; hay algo de sistémico; hemos desarrollado una cultura, o unas instituciones, o nuestra urdimbre político-administrativa y nuestro nivel social o moral han permitido o han empujado que aparezcan estos casos de corrupción, que son bastante extensos. Además, uno tiene la sensación de que irán saliendo más. Que ni mucho menos están todos los que son, aunque, probablemente, si sean todos los que están. En esta materia hay tres niveles y los tres afectan a los derechos de la ciudadanía.
Hay en estos casos tres niveles: uno: el político, el sistema político. Cuando digo político, me refiero al sistema, a las leyes que regulan la política, porque entre las personas que están en política, como entre las que están en una comunidad de vecinos, hay buenas, malas y regulares. Pero, en general, la inmensa mayoría de gente que entra en un partido entra por ideología, por motivos nobles. 
Después llega la realpolitik que te hace que tengas que tomar decisiones a veces no tan en coherencia con tus valores. Pero la gente que milita en los partidos es gente buena y los partidos son fundamentales en una democracia occidental. Por tanto, hacen falta los partidos. Son necesarios. 
Pero quizá durante la transición, como hasta entonces no había habido partidos políticos, y había que fortalecerlos, creo que les dimos demasiada protección, en el sentido de que permitimos que se asentaran una partidocracia. No es que los partidos sean malos, que son buenísimos, pero no les hemos puesto un contrapesado. 
El poder de este país está en manos de los partidos, no de las instituciones. Son los partidos los que controlan las instituciones y controlan a su vez los propios órganos que los controlan. Cuando dicen: ¿es que el Tribunal de Cuentas no fiscaliza las cuentas de los partidos? Hombre, pues claro que las fiscaliza, hasta el punto en que se pueden fiscalizar, porque normalmente se fiscalizan las operaciones en dinero A, no en dinero B. 
Pero en el Tribunal de Cuentas o en la Cámara de Cuentas, sus vocales están nombrados por los partidos políticos. Lo mismo sucede en la televisión pública. Debe ser mas neutral, pero ¿quién nombra a los consejeros de las televisiones? Los partidos. Lo mismo en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ)
Hemos creado la ficción de que son órganos de extracción parlamentaria. Pero ¿quién nombra a sus señorías? Los partidos. Como nuestro sistema es de listas cerradas, sabéis los que militáis en un partido, que es el partido el que dice quién va en la lista y quién no. , 
Y si te ponen el número cinco sales y si te ponen en el número seis no sales. La gente vota al partido. Si no eres dócil, no te van a poner. Si lo eres,  sí. Por tanto, es el partido quien diseña la composición de los parlamentos. Una vez que estas dentro, y eso no lo sabe la gente, el diputado no tiene ni libertad de voto, ni de iniciativa. En la Cortes españolas, un diputado no puede formular ninguna pregunta que no vaya sido visada por su grupo parlamentario. ¿Y quién controla el grupo parlamentario? El partido. Por tanto, si no te visan la papela, no hay no hay pregunta. 
El control del partido es total. ¿Existe una división de poderes? ¿Existe un poder legislativo? Formalmente, sí, y efectivamente aprueban la ley y hay un debate. ¿Pero, materialmente el poder legislativo es distinto al de los partidos? No, es el mismo poder. No hay división de poder, es el mismo. 
El ejecutivo es el mismo que manda en el partido. El señor González o el señor Aznar o el señor Zapatero controlan el partido y el ejecutivo, por tanto, es la misma cosa.
Miguel Ángel Pozas, Manuel Pimentel, Antonio Caba, Alfonso Gallego y Román Orozco
Los jueces son independientes y por tanto no vale esta aplicación tan estricta, pero ¿quién los órganos de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), o los miembros del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional? Básicamente, esos cargos son de extracción parlamentaria, es decir, son los representantes del pueblo quienes los designan. Pero, ¿quién decide de verdad? Todo lo que procede de la extracción parlamentaria lo deciden los partidos. 
Por lo tanto, vivimos en una partidocracia. El poder reside en los partidos, y no tiene contrapeso. No se siente observado, ni controlado por nadie. Ese es un tema que debe preocuparnos a la ciudadanía.  
Los partidos son importantes, necesarios, tenemos grandes partidos y la gente que está en los partidos es fabulosa. No tengo nada que decir, salvo que no están controlados. ¿Cómo podríamos equilibrar ese poder? Intentando que los órganos no sean todos de estación parlamentaria o buscando otro sistema democrático de representación. Por ejemplo, que el Parlamento tenga capacidad de nombrar el cuarenta, el cincuenta por cien de esos cargos. Pero hay que contrapesar ese poder. 
Los partidos deben sentirse observados. Porque la competencia entre ellos es grande. Hay que financiar campañas electorales y las tentaciones son múltiples. Buena parte de los dineros que salen de la corrupción, en muchos casos se lo llevan, perdónenme la expresión, calentito los desalmados. Pero muchas veces esos fondos son para financiar un acto del partido, para un mitin, o para pagar los carteles de los candidatos. No sé qué historias. Esto está bastante extendido, muy extendido. Y se hace sin sensación de pecado. El del partido le dice al empresario: “oye, mira la factura de esta empresa, págamela tú…”. No hay sensación de pecado, está muy extendido, no se sienten observados, no se sienten penalizados. Parece que todo vale.
Por ello, insisto en esta reflexión ciudadana: defiendo los partidos y además creo que no tenemos problemas ni de personas ni de partidos. Pero creo que haría falta alguna reforma de cierta entidad para contrapesar su poder. Que se sientan observados. 
Otro asunto que me preocupa y del no tengo una opinión formada muy clara: el Parlamento es aburridísimo; sabes perfectamente lo que va a salir en una votación, porque sus señorías no deciden nada. Pero el debate es muy importante. Porque el debate es abierto a los ciudadanos, y es importante lo que se traduce a los ciudadanos a través de la televisión de esos debates. Pero allí, en los debates parlamentarios, no se convence a nadie. 
Un partido tiene 48 votos, otro 62 y un tercero otro 34 y sabes perfectamente cómo quedar la votación. Nunca hay errores. Sí alguna vez un diputado vota en contra de lo marcado por su partido, lo multan, lo quieren echar, se le acusa de traidor. 
Hay otros tipos de parlamentos en los que el diputado tiene una mayor libertad. Con todas las limitaciones, me gusta mucho más la libertad. Yo no tengo miedo. Pero otras personas entienden que lo bueno es este bloque monolítico, donde todo se controla. 
En muchos debates parlamentarios los escaños están bastante vacíos, lo que irrita a mucha gente. Los ciudadanos se preguntan: ¿dónde están sus señorías? Sus señorías están trabajando en los despachos, atendiendo a gente. Porque en el salón de plenos no pintan nada. ¿Qué pintan oyendo cuatro horas un debate, si al final suena un timbre en los despachos avisándoles que se va a producir la votación? Entonces, corremos todos, nos ponemos en el escaño y miramos al portavoz: si levanta un dedo, se vota sí;  si son dos, se vota no; si son tres, abstención. Delante suyo tiene tres botones y algunos se equivocan, por cierto, al pulsarlos. Este sistema le quita frescura al parlamento. Aquí hay un campo en el que debemos avanzar para equilibrar el poder de los partidos. 
Otro tema interesante es el administrativo-legal. La Administración tiene que regular y controlar, tiene que autorizar actividades o no. Hasta ahí de acuerdo. Pero, claro, en cuanto todo dependa de una licencia, loa ciudadanos se terminan topando con la Administración para cualquier cosa. 
Quiero aclarar una cosa: cuando hablamos de corrupción, normalmente nos referimos a la corrupción urbanística. Es la más importante y la que ha movido más dinero. Que pongan la raya aquí o la pongan allá, puede hacer de un campesino humilde, que vive de tu trigo, de sus gallinas, un millonario. Esas rayas las ponen las personas. Y la decisión de poner raya de suelo urbano, de suelo rústico, de suelo protegido, es muy importante. Por eso, ahí ha habido mucha corrupción y buena parte la conocemos. 
Pero no solamente hay ese tipo de corrupción. Hay otra de mucha menor intensidad, pero mucho más extendida. En cuanto todo dependa de una decisión administrativa, que tiene que depender, pero si la administración no va al mismo ritmo que la vida, la hemos fastidiado. 
Cualquier negocio necesita una licencia. Pero muchas veces el Ayuntamiento tarda dos o tres años en dártela. Tienes que poner velitas a la virgen para que no te pase nada en el negocio mientras llega la licencia, a los tres o cuatro años de estar el negocio funcionando. Os parecerá increíble, pero funciona así en muchísimos sitios. 
Durante todo ese tiempo dependes de la decisión de una persona. Comprendo que la Administración tiene que desempeñar esa función, pero debemos pedir, como ciudadanos, que el sistema sea mucho más objetivo y mucho más transparente, que no dependa todo de la voluntad de alguien, y que además vaya al ritmo que marca la vida. 
Nuestro entramado administrativo-legal, bien intencionado en principio, tiene otro aspecto singular. Somos de uno de los países que más permisos y controles de la Administración tiene a priori pero de los que menos tienen a posteriori. El sistema desconfía del ciudadano y le pide mucho para hacer cualquier cosa, pero después no lo inspecciona. En otros países, se confía más en  el ciudadano, se le exige menos, pero después se les inspecciona mucho más. Son modelos distintos y no sé dónde estaría el equilibrio. 
Pero cuando uno va viendo tanta corrupción en tantos municipios, no solo es el sistema político lo que falla, falla también el sistema administrativo-legal, por decirlo suavemente, que no garantiza, ni la agilidad, ni la transparencia, ni la objetividad. Porque tú no sabes si tus derechos se está respetando; en el fondo, no sabes por qué razones te van a dar o no los permisos que necesitas. Pero en un Estado de Derecho deberíamos tener muy claro lo que es sí y lo que es no, para que acudas con tranquilidad a resolver tus problemas con la Administración. 
Otro tema que me preocupa es el estado de moral ciudadana. Porque a menudo comprendemos, compartimos, toleramos o convivimos con cierto grado de corrupción, como se ha visto en algunos casos, como los de la trama Gürtel. Eso estaba muy extendido y lo debían saber muchas personas y nadie decía ni denunciaba nada. Además, como ha dicho Román, en muchos casos hasta se premia a estos personajes votándolos, lo que representa una renuncia ciudadana espectacular. 
Hay que decir claramente: mire usted, no vote a los corruptos, no los vote, échelos a su casa. Ese sería un primer salto ciudadano. Sin embargo, paradójicamente, y no lo entendemos, son muchos los ciudadanos que votan a esos políticos corruptos, que votan a estos partidos porque creen que los representan. En el fondo, como dan por hecho que todos los políticos hacen lo mismo, creen que los suyos estos van a luchar más. 
A corto plazo, estos personajes corruptos son muy efectistas: arreglan las calles, hay seguridad  en el pueblo, incluso hay una apariencia de prosperidad, que genera una cierta connivencia ciudadana. 
En democracia, quien gana los votos, gana las elecciones. Por ello, entre los votantes debería haber un compromiso de que a este tipo de personajes, ni agua. La acción más obvia que tenemos es votando: mire usted, pues no lo voto, no lo voto. Desgraciadamente, en muchos casos se les vota.
Y luego culpamos de todo al Gobierno, incluso de la lluvia. Como dicen los italianos, piove, porco Goberno (¿Llueve? ¡Cochino Gobierno!). ¿La culpa de todo es del Gobierno? Pues, mire usted, el Gobierno tiene parte de culpa, sin duda ninguna, y las leyes también, pero nosotros también. 
Los que sean empresarios, lo sabrán. Siempre que hay elecciones, alguien da, hay mucha gente que da y muchos incorporan ese gasto como un costo de producción más. Pero no se puede permitir, no debemos hacerlo. Si la competencia lo hace, porque ese argumento de ‘es que si yo no pago, se lo darán al que sí pague’, debemos denunciarlo. 
Los ciudadanos tenemos cierta capacidad para denunciar estas cosas. Hay instrumentos legales para hacerlo y de hecho muchos de estos escándalos han saltado cuando ha habido ciudadanos que han protestado o han denunciado. Todos tenemos en este tema una gran responsabilidad. 
La corrupción urbanística hasta ahora ha sido muy acusada, muy ostentosa. Ha sido nuestro petróleo. Probablemente, en los próximos años, no habrá. Pero surgirán otras formas, aparecerán nuevos campos para abonar las corruptelas. Miren lo que ha pasado con la industria fotovoltaica y los molinos de viento. Ya hay varios gobiernos locales afectados. Cada vez que aparece un boom, que se necesita una licencia, a ti sí te la doy, a ti no, hay diez mil kilovatios perdidos. Ya habéis visto varios cargos también en la cárcel por esta materia. 
El problema es que la tolerancia moral va incrementándose. Porque aquí se antivota. ¿Qué significa el antivoto? Pues que yo voto con tal de que no venga la derecha pérfida o con tal de que no venga la izquierda malvada. No me gusta mucho el señor Rajoy, pero lo voto porque Zapatero ¡a ver si se va ya! O voto a Zapatero, aunque piense que se ha equivocado, no vaya a ser que venga Aznar o quien sea. 
También funciona mucho entre nosotros el retrovoto. La gente, al final, se tapa la nariz y vota. Pero deberíamos castigar a los partidos cuando no nos gusta lo que hacen. Deberíamos castigarles. Pero eso se hace muy pocas veces, la verdad, y a las experiencias me remito. Como aquí antivotamos, y el otro siempre es malvado, pues siempre castigamos al otro votando al nuestro en un porcentaje muy alto. Por eso las elecciones las deciden ese porcentaje de ciudadanos que unas veces no vota o cambia de voto. 
Los dos grandes partidos tienen unos hooligangs (hinchas) que son fijos. Pero otras personas oscilan su voto, de uno a otro partido, según las circunstancias. Esas personas son muy importantes, las que dicen pues ahora sí, ahora no, ahora voto a este, ahora voto al otro. El voto sigue siendo muy importante. En vez de decir no voto, hay que hacer un ejercicio de ciudadanía, pensar bien tu voto, y dárselo a la persona, a las siglas que consideres mejor en ese momento. 
Por último, y quizá porque yo también lo necesite, quiero hacer un canto de optimismo en nuestras posibilidades. 
Vivo en una España que ni mi abuelo, ni mis padres jamás pudieron sospechar. Aquí hay personas de mi pueblo de Algodonales, de donde procede mi familia. Es un pueblo muy humilde de la sierra de Cádiz. Un pueblo de una pobreza similar a la de otros de la sierra.  ¿Quién nos iba a decir que estaríamos como estamos en estos momentos?  Este ha sido el trabajo de una o dos generaciones,  que lo han hecho bien: ha habido una transición, hemos conquistado la democracia, hemos entrado en la Unión Europea… 
Por cierto, hay un libro muy interesante, de Javier Cercas, Anatomía de un instante,  en el que el autor viene a decir que se construyó una democracia imperfecta, pero probablemente era la única posibilidad de aquel momento. La transición ha sido buena, porque hay que tener en cuenta que venimos de dónde venimos, de una guerra civil. Y en el siglo anterior, el XIX, también tuvimos un montón de guerras. En fin, que éramos expertos en desangrarnos los unos a los otros. 
Y de repente, llega cierta concordia y se produce un desarrollo espectacular del país. Ahora, en estos momentos, tengo la sensación que nos hemos venido un poquito abajo por las circunstancias y la crisis. Parece que se nos ha caído el modelo. Estamos cansados, hemos corrido mucho, y es ahora cuando tenemos que hacer una reflexión ciudadana. 
Porque una generación ha participado mucho den este cambio, a otros nos han dado bastante hecho el modelo. Pero ahora se tiene que incorporar la gente joven, que debe empujar y pensar cómo va a ser la España de los próximos años,  en un escenario europeo. Una España que debemos procurar que siga existiendo desde la libertad, desde el respeto a cada territorio. Para ello, tenemos que sumar y seguir avanzando en democracia, en derechos, en igualdad.

Hay problemas urgentes a resolver. La sostenibilidad y el medioambiente, por ejemplo. O el modelo económico. No podemos quedarnos quietos. Nuestra sociedad no merece que nos quedemos paralizados por comodidad, por miedo, por apriorismos ideológicos, por esperar que caiga el adversario, por ganar yo las elecciones y húndete tú, por el que mientras peor, mejor. Que cada uno que se aplique el cuento.
Tengo la sensación de que de alguna forma se termina un ciclo amplio. Aunque en algunos aspectos le queda aun mucho recorrido, en otros tenemos que hacer un ejercicio de responsabilidad ciudadana, que no hacemos, para abrir nuevos cauces. Cuando un país tiene un 20% de paro, un paro que dobla al europeo, y veo cómo nos estamos, en el fondo, adaptando pacíficamente y sin rebelarnos, es porque somos un país raro. Por ello, debemos decir a nuestros mayores, señoras, señores, aquí hay país, no nos vamos a quedar quietos, no somos flojos, es mentira, tenemos ganas de trabajar, hay formación, no somos un país de economía sumergida. Por cierto, que está creciendo la economía sumergida y es nuestro deber que no crezca. 
Concluyendo: debemos empujar todos, tomar la iniciativa, hablar y debatir de todas estas cuestiones, de la política, de nuestra propia responsabilidad. Esa es creo una de las grandes aportaciones y originalidad de esta Escuela de Ciudadanos. Por el enfoque que le ha dado Román, se puede hablar de todos estos temas. Decir lo que pensamos y aunque seguramente no estaremos de acuerdo en muchas cosas, bendita democracia. Para esto estamos, para debatir y coincidir o no, Pero siempre desde el respeto, el sosiego y sobre todo desde la responsabilidad individual y el convencimiento de que cada uno, en nuestra propia vida y nuestras circunstancias, podemos hacer más de lo que creemos por el bien común. 
¡Muchísimas gracias!

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